lunes, 28 de febrero de 2022

CO2CHINA







Detrás del glamour que muestran las majestuosas imágenes de China cada vez que hay algún evento deportivo o cultural, se oculta una realidad incómoda. La del país que sigue teniendo el récord mundial en emisión de CO₂. A las grandes potencias no les gusta que nadie ande descubriendo sus miserias y suelen obrar en consecuencia, algunas con más rigor y menos contemplaciones que otras.

Este es el caso de China y de Lu Guang un fotógrafo que ha querido ser testigo de su época y está pagando las consecuencias.





Lu Guang es uno de esos valientes necesarios, un hombre lleno de coraje que sabe capturar en impactantes imágenes la voz de aquellos que necesitan ser escuchados. Guang es un reportero gráfico multipremiado y reconocido que ha dedicado su vida en denunciar las lacras de su país, China; estas situaciones alarmantes que sacuden la república van desde las drogas, el VIH, la pobreza o las infancias robadas hasta los problemas ambientales generados por la industria.

Pues, ahora, Lu Guang  está en paradero desconocido según ha denunciado su esposa Xu Xiaoli que dice no haber tenido noticias de él desde entonces; al parecer, según noticias recientes, Guang podría estar detenido por los servicios secretos chinos por seguridad nacional pero, no existe rastro virtual de él.

El polémico trabajo de Guang la verdad es que hace pensar en teorías conspiratorias de las que, lo único que se sabe a ciencia cierta, es que la última vez que se supo de él fue desde Urumqi, capital de la región de Xinjiang. Las últimas pesquisas realizadas sobre el caso, ponen de manifiesto que Lu había sido retenido por la seguridad nacional y los oficiales lo han confirmado, pero, entonces ¿por qué no le han dejado comunicarse con su mujer todavía?

Xu escribía en Twitter, “Lleva más de 20 días perdido, soy su familiar más cercano y no he recibido noticias de su detención [...] he contactado repetidamente con la policía de Xinjiang, pero han sido incapaces de ponerme con nadie [...] sólo espero que vuelva sano y salvo. “

Guang, que ha ganado en tres ocasiones el prestigioso concurso World Press Photo, tiene entre sus hazañas gráficas la de mostrar en “Los pueblos del SIDA”, el caso de 678 personas que contrajeron el VIH tras vender su sangre y de las que 200 ya han muerto.

Sus realistas e incómodas capturas y sus proféticas declaraciones hechas en 2017 en las que aseguraba que en China no sabías cuando te podías meter en problemas porque no había normas establecidas, han encendido las alarmas.

Mucha gente se está sumando al dolor de la esposa de Lu Guang y denuncian, por ejemplo, que Weibo, una red social china parecida a Facebook, ha eliminado las etiquetas relacionandas a la desaparición del fotógrafo de sus "trending topics".

Otros como Cédric Alviani, director de Reporteros sin Fronteras del Este de Asia, pide que expliquen dónde está Lu y que se asegure la libertad de movimiento y seguridad a los periodistas, incluyendo a aquellos que están en la provincia de Xinjiang; aún no ha obtenido respuesta.


Estas son algunas de sus fotografías.





Un trabajador de una fábrica en Mongolia Interior. Según Lu, es habitual que los empleados de las fábricas enfermen tras uno o dos años de trabajo.

Un trabajador de una fábrica en Mongolia Interior. Según Lu, es habitual que los empleados de las fábricas enfermen tras uno o dos años de trabajo.




El humo sale de una central eléctrica de carbón en Shizuishan, China.




Los camiones aguardan en una larga fila a que los llenen de carbón.




Las ovejas pastan frente a la mina a cielo abierto de Shenhua, que transporta arena y piedras para expandir la minería en Baiyinhua, Mongolia.




Esta mujer está sentada en un saliente al borde de uno de los ríos más contaminados de la provincia de Guangdong.



La industria destaca en el perfil urbano de la antigua ciudad de Hancheng, una de las principales productoras de carbón y electricidad.



El polvo que se desprende de un camión que transporta carbón y cal envuelve a los residentes de Wuhai en Mongolia.



El templo de Laseng tiene más de 200 años de historia y está contaminado por las fábricas que lo rodean por lo que, cada vez, acuden menos peregrinos.




Desde aquí deseamos que Lu Guang esté bien y que aparezca pronto; trabajos como el que realiza son necesarios, hombres como él son imprescindibles.




(A partir de un texto de CulturaInquieta).

lunes, 3 de enero de 2022

De tal palo, tal astilla



Dice la sabiduría popular que el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla y muchos quisieran aplicar la sentencia a Nicaragua. Pero ello resulta imposible porque la patria de Sandino tiene muy presente la ignominia y el oprobio vivido. Lo recuerdan muy bien quienes están convocados a emitir su voto en las elecciones de noviembre. 

Estas líneas no están destinadas a esos nicaragüenses, sino a los que viven del otro lado de la frontera sur y también para esa izquierda «cultural» que se empeña en ver la realidad con los ojos de sus sponsors y para la otra, la delirante, que como los personajes de Rulfo, ni siquiera sabe el tiempo que lleva muerta.

Y para seguir, no queda más remedio que dar un paso atrás en la historia, hasta finales de los 80'.

En 1986 en La Haya la Corte Internacional de Justicia (CIJ) leyó la sentencia que daba la razón a Nicaragua y condenaba a USA a terminar su intervención e indemnizar por los cuantiosos daños ocasionados.

Pero el gobierno de Reagan siguió la intervención militar con operaciones como el «Irán-Contras», la intervención diplomática forzando en Contadora la opción de su conveniencia y finalmente la intervención electoral dirigiendo y financiando la campaña de Violeta Barrios de la UNO.

En el 90 cuando el FSLN perdió las elecciones, el juicio de La Haya no estaba aún cerrado. Se había estimado la indemnización en 17 mil millones de dólares y para que ese monto no se perdiera, teniendo en cuenta el apoyo norteamericano a la UNO, la Asamblea Nacional aprobó la Ley 92.

Casi nadie sabe de la Ley de Protección de los Derechos de Nicaragua en la CIJ, porque nuestra prensa libre había iniciado ya la intoxicación de «la piñata»

Dicha ley establecía la obligación del gobierno de Nicaragua (del de Violeta Barrios) de continuar el juicio hasta la sentencia sobre la indemnización, instituyendo un punto esencial: «La indemnización que Estados Unidos debe a Nicaragua constituye patrimonio inalienable de todos los nicaragüenses, el que deberá emplearse en reparar los daños provocados por la guerra; indemnizar a las víctimas y a sus familiares, desarrollar materialmente el país, combatir el atraso y la dependencia heredados; mejorar las condiciones de vida del pueblo y realizar una distribución cada vez más justa de la riqueza».

En este punto conviene hacer un alto en la narración para con la lupa en la mano enfocarse en la palabra PATRIA y en alguno de sus derivados. Patriotas, antipatriotas, apátridas y vende patrias. Que cada uno le ponga la etiqueta a quien le convenga.

Los nicaragüenses desde los últimos años de la dictadura de Somoza hasta casi los 90 habían vivido en la vorágine bélica. Los muertos, desaparecidos, mutilados, huérfanos y viudas de ambos bandos se contaban por miles y también por miles los nicaragüenses en situación de pobreza extrema precisamente por esa prolongada guerra.

La sentencia de la CIJ lo entendía así y en sus preámbulos decía:

«Ninguna reparación pecuniaria, cualquiera que sea su monto, puede realmente resarcir a Nicaragua por las devastaciones causadas en su territorio por la conducta ilícita de Estados Unidos. Tal reparación no puede resucitar a los seres humanos muertos, ni reparar los daños físicos y psicológicos sufridos por una población que ha soportado una campaña despiadada de ataques armados y estrangulamiento económico durante más de siete años […]. Las consecuencias globales de tal política sobre un pequeño país son simplemente incalculables».

Después de leída la sentencia se habilitó una instancia que llevó a fijar la millonaria cifra.

Rememoremos a Carlos Varela: «Y en eso llegó Violeta, se acabó la reclamación…»

El juicio de La Haya seguía a su ritmo y en el segundo año de su mandato, la presidenta Violeta Barrios decidía poner fin a la reclamación y la Ley 92 fue derogada como otras, porque como decía la prensa que ahora vuelve a decantarse en apoyo unánime a sus hijos, esas leyes fueron hechas para justificar la piñata.

La presidenta justificaba esa renuncia en aras de establecer unas francas relaciones con los Estados Unidos.

Por ningún lado que se mire se puede observar ni una pizca de patriotismo en esa decisión.

A falta de documentos desclasificados el historiador solo puede barajar dos hipótesis: que esa fuera una de las condiciones del apoyo gringo o yanqui a su candidatura o que fuera un arreglo económico posterior a la elección. En ambos casos el patriotismo y también la ética de la viuda de Chamorro queda francamente cuestionado.

Los convertidores económicos indican que hoy, esos 17.000 millones de dólares equivaldrían a unos 56.000. Si comparamos la cifra con los 1.750 millones que Costa Rica está negociando con el FMI para subsanar el caos fiscal del país, uno puede imaginar la cantidad de milagros que se hubieran podido hacer en Nicaragua para reconstruir el país, sacar a tanta gente de la pobreza y evitar que miles de nicas se vieran condenados a aumentar la diáspora y vivir en condiciones degradantes en nuestro país.

Pero no, en aras de mejorar la relación con el imperio o de reafirmar el sometimiento, se le negó a la patria de Darío la posibilidad de soñar con ríos de leche y miel. Y se siguió hablando de la piñata.

Es posible que esos primeros dieciséis años de paz sean los peores de su historia. Por mi condición migratoria que me obligaba a salir del país cada tres meses, fui testigo presencial de ese descenso a los infiernos y si alguien piensa que exagero que busque en las estadísticas de desarrollo humano de la ONU. Los tres gobiernos neoliberales que se sucedieron, esquilmaron al país de todo su patrimonio. Desde las empresas públicas que la revolución había arrebatado a los Somoza y otras creadas con el apoyo de la solidaridad internacional hasta el ferrocarril, incluyendo los sectores más lucrativos como la electricidad, la telefonía, la educación, la salud o las costas. 

En una de mis visitas en los últimos años del gobierno de Bolaños acompañé a una chavala al maternal de Rivas, los riesgos del parto desaconsejaban el bus así que buscamos el pickup de un vecino. Aun así, por el mal estado de la carretera tuvimos que bajarnos y hacer tramos andando. En Rivas la ayudé con su gran bulto, casi tres veces mi mochila, porque lo que quedaba de los hospitales públicos era el edificio y el personal. En esa bolsa iba toda la ropa de cama, almohada incluida, sus batas, la ropa de bebe, toallas, alcohol y lo último, la anestesia y las jeringuillas. La última nota de esa jornada particular la puso La Prensa de los Chamorro que ojeé en la terminal y que hablaba de la hambruna declarada en Matagalpa.

Tomemos aire y pensemos que puede pensar un presidente de un país ante esa realidad. Y más un presidente que es culpable o cómplice de aquella condonación.

En el 2006 lo que quedaba del Frente Sandinista después de muchas deserciones volvió a la presidencia encontrándose otra vez con un país devastado. La bandera rojinegra había quedado opacada por el color fucsia de la nueva revolución «cristiana, socialista y solidaria» y todo el país se abocó a la labor de reconstrucción. Fueron años de bonanza económica y las fricciones políticas solo surgían en tiempos de elecciones. La derecha tradicional erró al creer que la buena situación económica correspondía a una coyuntura internacional. 

Pero la prosperidad se prolongaba y hasta la COSEP se subió al carro sandinista con la UNAG de los agroexportadores, y es que a la burguesía, no le importa el color del gato si este caza ratones.

Sería muy largo empezar a hablar de los logros, de las estadísticas, de los índices de desarrollo humano con datos sacados del PNUD, de la OMS o incluso del Banco Mundial. Pero no se puede dejar de hacerlo, ni dejar de mencionar la cantidad de escuelas construidas, clínicas y hospitales que incluyen a la medicina tradicional, y la recuperación y el fomento de las parteras. Los miles de kilómetros construidos de carreteras que incluyen el hito de unir por tierra las regiones atlánticas norte y sur. El recuperar el sistema eléctrico y terminar con los apagones de la empresa privada y trasnacional. 

¿Y por qué abundar en estos datos sociales y económicos?

Por una sencilla razón, nuestro vecino del norte no ha encontrado oro en sus montañas, ni petróleo en sus mares, ni el litio de moda en sus llanuras. No hay nada extraordinario que explique ese largo periodo de desarrollo sostenido a no ser que uno conjeture el fin de la «robadera» como la causa principal.

El FSLN que hoy gobierna en Nicaragua no es el coco comunista que nos pinta la Nación y otros medios de perversión mediática. No. Es lo que hoy podríamos llamar una socialdemocracia de izquierdas, un gobierno que administra un país capitalista haciendo énfasis en un reparto más justo de la riqueza, reduciendo la desigualdad y la exclusión.

Un gobierno que no ha nacionalizado ni un banco o empresa privada y que ni siquiera se ha aventurado a recuperar las propiedades costeras adquiridas de mala manera y permite que la inversión privada, nacional y extranjera lidere el desarrollo turístico en expansión. Un gobierno que mantiene relaciones respetuosas con los Estados Unidos y ha sido leal a Taiwán. Que desarrolla proyectos de cooperación con la USAID, que atiende las recomendaciones del Banco Mundial y también del FMI

Estamos en el 2018. Se puede pedir algo más.

El mes de marzo fue el de la nueva insurrección, el de los tranques, el de la revolución de color o ciudadana o el del golpe de estado; como cada quien lo quiera llamar. Lo venían ensayando desde hacía meses, no fue lo espontaneo que nos quieren hacer creer. Los actos violentos contra las expropiaciones del canal o por la politización del incendio de la reserva Maíz estaban muy lejos de la capital y el nuevo intento se produjo con una tibia reforma del sistema de pensiones; (creado por los sandinistas) que se trató de realizar siguiendo las recomendaciones del FMI. La desmesurada campaña de intoxicación mediática, sobre todo en las redes que desbordaban de fakesnews, llevaron a los estudiantes a ejecutar actos vandálicos en Managua y a enfrentarse con la policía. El gobierno sandinista y su bancada legislativa se apuraron a retirar el proyecto de reforma, pero la espiral programada ya estaba iniciada y se sumaron nuevas reivindicaciones, extendiéndose la violencia al resto del país haciéndose especial énfasis en los cierres de carreteras en puntos estratégicos.

Y comenzaron los muertos.

Nunca fueron idílicas protestas pacíficas, con los estudiantes se mezclaron jóvenes lumperizados armados que desde los primeros días abrieron fuego contra la policía. Y en los momentos y lugares en que contaron con la superioridad necesaria, atacaron sedes sandinistas, instituciones públicas, alcaldías y hasta clínicas a las que metieron fuego, consiguiendo el clima de caos que exige el manual Sharp del golpe blando para llevar a negociar a las autoridades desde una posición de poder.

Los medios nacionales y extranjeros, la cúpula católica y la sociedad civil fabricada con cheques del exterior hicieron el resto, como por ejemplo contar todos los muertos como si fueran víctimas "del régimen" sin importar que más de la mitad, incluidos quemados vivos, fueran simpatizantes sandinistas y policías.

Pero pasado el desconcierto inicial y alentados por la extrema violencia, la militancia sandinista en los barrios de Managua primero y en el resto del país también, retomaron el control en las calles apoyando a la policía unas veces y en solitario otras. Como verdaderas fuerzas de autodefensa y no como escuadrones de la muerte, neutralizaron el llamado golpe suave y fueron revirtiendo la situación y poco a poco eliminando los tranques y recuperando las comunicaciones viales que pretendían el colapso económico. Y todo apelando a la violencia necesaria frente a la violencia del enemigo y ante el contubernio de una prensa internacional que solo enfocada el ojo en los excesos del bando gubernamental.

Fueron meses intensos y después de desbaratar la insurrección disfrazada de pacífico movimiento ciudadano, los tribunales iniciaron su trabajo a la par de la diáspora en la que se mezclaban los sediciosos con miles de nicaragüenses que habían perdido sus medios de vida.

Muchos de los participantes y organizadores fueron juzgados y condenados entre ellos periodistas pues el Manual Sharp concede un importante papel a los medios como agitadores imprescindibles. Algunos fueron encarcelados, otros exiliados y pasados los meses, muchos de los protagonistas amnistiados.

Y cuando Nicaragua se encaminaba a un nuevo proceso electoral en el que la oposición no había podido llegar a mínimos acuerdos y mucho menos a postular un único candidato que hiciera peligrar la reelección de Daniel Ortega, tal vez siguiendo instrucciones foráneas, cayeron en la tentación de repetir el intento y todo estaba planeado para la jornada electoral, como allá por tierras bolivianas.

Pero no contaron con la astucia de "régimen" ni con el experticia de su Fiscalía y sus servicios de inteligencia y descubierta la nueva conspiración con las pruebas de su financiación extranjera (millonarios cheques de la USAID) no tuvieron más remedio las instituciones judiciales que proceder como en cualquier país y ante la gravedad de los hechos a recetar órdenes de detención o casa por cárcel a los implicados a los que la prensa colocaba con premura la etiqueta de candidato opositor.

EL PRESENTE es la reelección consumada de Daniel Ortega al que se le ha querido minimizar la abrumadora participación y siguiendo las instrucciones de quien le ordena a Mr. Biden, desde la OEA y la Unión Europea han desconocido los resultados unos cuantos presidentes.

Afortunadamente, el péndulo de la política latinoamericana parece dirigirse de nuevo hacia la izquierda, pero los sandinistas saben que no hay que bajar la guardia y no la bajarán.













miércoles, 17 de noviembre de 2021

Carta abierta a J.M. Villalta.


( Y a esa legión de izquierda que no tiene claro lo que ocurre en Nicaragua).


Ya Atilio Borón se ha manifestado sobre esa que él llama izquierda confundida y lo ha hecho con menos contundencia de la esperada en él.

Esa izquierda dudosa o confundida ha seguido la ola impulsada por los medios de siempre hablando del «régimen» al principio y de la dictadura sin más al final.

Y lo puede hacer por dos motivos principalmente: por falta de información o por cálculo electoral.

En plena campaña es comprensible que como un camaleón, el FA cambie de apariencia para conseguir unos votos que por no ser de izquierda, no le pertenecen y entonces decida alejarse lo más posible del gobierno de Nicaragua, calculando que son más los votos que puede ganar por el centro de los que pueda perder por su izquierda. Es algo que hacen la mayoría de partidos en todo el mundo. Pero fuera de los tiempos electorales también el FA ha mantenido posiciones antagónicas en su interior y eso no es nada saludable para el partido ni para el espectro de ciudadanos a los que pretende representar.

El otro motivo, y creo que más importante, es el referido a la información. Costa Rica es a nivel económico un país dependiente de la mano de obra migrante, legal e ilegal, procedente de Nicaragua. Es gracias a ese trabajador «barato» que la agroindustria sigue generando divisas y la construcción mantiene su vigor, aparte de otros sectores que se benefician en menor medida.

Después de tres lustros de oscurantismo neoliberal que sumieron al país vecino en la miseria más lacerante (basta recordar la hambruna que asoló a la hoy próspera Matagalpa durante el gobierno de Enrique Bolaños) llegó la victoria del Frente Sandinista y los gobiernos consecutivos de Daniel Ortega. Desde entonces los índices de desarrollo humano, no hicieron sino mejorar a la par de los datos macroeconómicos y en el 2017 el índice del flujo migratorio hacia Costa Rica descendió mínimamente. Ese desenso era una pésima noticia para las élites locales (las que se rasgaban las vestiduras con los efectos de la larga huelga local y que meses antes, aplaudian los tranques que nos incomunicaban con Centramerica) que desde todos sus efectivos panfletos recrudecieron la campaña contra la pareja presidencial Ortega-Murillo dejando de lado la decencia más elemental.

Todos los costarricenses deberian  recordar la portada de la Nación citando una encuesta en la que Laura Chinchilla aparecía como la gobernante peor valorada de Latinoamérica. En esa misma encuesta de la que la Nación no daba mayores datos, Ortega ocupaba el segundo lugar solo superado por el presidente dominicano. El Latinobarómetro un importante proyecto de valoración democrática realizado por una ONG chilena con financiación del BID y PNUD entre otros y nada sospechosa de simpatías izquierdistas corroboraba en el informe del 2016 la buena salud democrática de Nicaragua. Y finalmente Cip Gallup que pocos días antes de las recientes elecciones estimaba en un 65% la oposición a la pareja presidencial, le daba en el 2018 un 54% de aprobación a la gestión de Ortega, la más alta entonces entre los presidentes del continente.

Es muy difícil creer que lo que vino después fuera una insurrección civil espontánea y roza el delito calificarla de pacífica a la vista de las imágenes y videos que uno puede encontrar en internet.

El presente son estas elecciones cuestionadas con supuestos candidatos encarcelados, la mayoría de ellos amnistiados como organizadores de la insurrección del 18 y que planeaban un segundo round para después de estas elecciones. Las pruebas del financiamiento ilícito vía USAID-Fundación Chamorro están sobre la mesa y los pasos de la OEA insinúan una variante boliviana en pleno desarrollo.

Y nosotros, en la izquierda local seguimos replicando la pelea entre los claros y los confusos. Sería bueno que pasadas nuestras elecciones, se abriera un debate sobre ese tema y otros, y no por el bien de Nicaragua, sino por nosotros los electores que nos vemos obligados a votar una vez más por esa izquierda atomizada y por tanto inoperante.


Notas:

Latinobarómetro:

https://demonioseneljardin.blogspot.com/2021/11/nicaragua-en-el-latinobarometro.html?m=1

Hambruna en Matagalpa:

https://www.google.com/amp/s/cronicaglobal.elespanol.com/politica/pablo-iglesias-censura-programa-television_162233_102_amp.html

El 54% de aprobacion:

https://noticias.asamblea.gob.ni/doctor-porras-presidente-ortega-mejor-evaluado-para-seguir-adelante/

https://tn8.tv/nacionales/443603-presidente-daniel-ortega-mejor-evaluado-america-latina/

martes, 16 de noviembre de 2021

Nicaragua en el Latinobarómetro.

 

Hace unos años La Nación titulaba una nota con la frase: Laura Chinchilla la presidenta peor valorada de América Latina. Con independencia de los intereses del grupo de Tibás sentí la curiosidad de saber de dónde salían todas esas estadísticas que un día nos decían que teníamos a la peor presidenta y otro que éramos el país más feliz del mundo, siempre sin citar las fuentes. Unos días después conocí el Latinobarómetro y entendí las razones por las que el Grupo Nación omitía la fuente.

La Corporación Latinobarómetro es una ONG sin fines de lucro con sede en Santiago de Chile. Se puede decir que es apolítica y entre sus patrocinadores no aparece ni la Open Society de Soros ni la sospechosa USAID. Cada año realizaban alrededor de 20.000 entrevistas en 18 países representando a más de 600 millones de habitantes. Una labor ingente.

La edición en la que Laura Chinchilla salía tan malparada era la del año 2016 y en esa lista de evaluación el primer lugar lo ocupaba el presidente de Bolivia, Evo Morales, flanqueando muy de cerca por Daniel Ortega.

Pero lo más interesante del Latinobarómetro no era el sencillo "ranking" sino el contenido de las preguntas que se hacían a los encuestados en todos los países. Eran algo que iba mucho más allá de los efectos que el marketing electorero puede producir en el encuestado. Y se podría pensar que la evaluación trascendía a la persona que ocupaba la presidencia y aludía a la salud democrática del país. Algo que en estos tiempos de crisis en el sistema representativo que nos mal gobierna, es mucho decir.

Reconocer en Costa Rica que Daniel Ortega es de los presidentes con mayor aceptación ciudadana es algo que saca roncha y contradice ese laborioso trabajo de nuestros medios de retratarlo como un dictador.

Ese dictador tiene un récord mundial, o tal vez esa no sea la palabra. Es el único personaje que llegó al poder en su país a través de una revolución violenta, como lo son todas las revoluciones, y dejó ese poder de manera pacífica al perder las elecciones de 1990.

Después de ese revés electoral asumió la dirección de la oposición y perdió tres elecciones consecutivas sin denunciar por ello un fraude inexistente. Eran tiempos de borrachera neoliberal dónde las elecciones se ganaban a base de billete, en detrimento de la gente.

Pero no hay mal que cien años dure como dice el refrán. Durante el gobierno de Enrique Bolaños la FAO estimó que más del 27% de los nicaragüenses padecían desnutrición y la hambruna no pudo esconderse en datos estadísticos cuando los campesinos de la rica zona cafetalera de Matagalpa se apostaron en la interamericana pidiendo de comer a los viajeros que la transitaban.

El neoliberalismo había tocado fondo y en las elecciones del 2006 los nicaragüenses votaron por Ortega y el sandinismo regresó al poder. Desde entonces Ortega ha ganado las tres elecciones siguientes y ha sacado a Nicaragua de la miseria. La estabilidad política a pesar de esos reclamos opositores y el crecimiento económico notable y sostenido le han conseguido el apoyo incluso de sectores económicos que siempre le adversaron.

En esa situación de bonanza económica, aumento de los índices de bienestar y un notable apoyo popular a juzgar por la encuesta chilena, llegamos al 2018. Observar los gráficos de la encuesta que comparto más abajo nos debería ayudar a pensar por cuenta propia y a hacernos una composición de ligar propia y no dejarnos llevar por consignas interesadas. Cualquier persona con unos conocimientos mínimos de política sabe que una revolución no se puede llevar adelante sin lo que los marxistas llaman las condiciones objetivas. Estas casi se daban en el 2006 y Ortega aposto por la carta electoral. Los opositores en el 2018 apostaron por la vía violenta. ¿Pero qué paso?

La oposición política conservadora hizo una mala lectura del contexto político. Desde los años del convenio entre Chávez y Ortega por el que se intercambiaba el petróleo venezolano por la carne de res nicaragüense la UNAG el viejo enemigo del sandinismo nacido durante la revolución, se convirtió en un aliado interesado de los sandinistas. Los terratenientes ganaderos hicieron clavos de oro durante ese periodo y se sentaron a la mesa del sandinismo compartiendo cuotas de poder y sobre todo negocios. Pero el convenio bolivariano no se renovó en el 2017 porque Venezuela consiguió producir toda la demanda cárnica que necesitaba. A partir de ese momento el noviazgo interesado de la UNAG se terminó y la oposición en torno a la familia Chamorro pensó que había llegado el momento de dar el golpe final que no habían conseguido dar en repetidas elecciones. Esa desesperación les hizo apostar a una de esas revoluciones de manual que financian la NED y la USAID a base como siempre de repartir billete dentro y fuera del país. Y la jugada les salió mal, precisamente porque no se daban aquellas condiciones, algo que deja bien claro la encuesta chilena.

Es en esas circunstancias donde se desarrollan los tranques. La ofensiva violenta de los que ni siquiera llegan al fascismo del país, porque estos son algo residual como residual fue la presencia de una alocada ultraizquierda universitaria, fracasó. Y lo hizo porque el apoyo al sandinismo era mayoritario y los hechos estuvieron a punto de convertirse en una guerra civil.

Los gráficos del Latinobarometro nos pueden ayudar a comprender esta realidad que los medios locales nos han escondido de manera interesada. Porque la derecha local, el gran capital económico de Costa Rica también se jugaba algo muy importante en esta batalla. Nuestra economía no puede sobrevivir sin el trabajo de los paisas.



Algunas gráficas del Latinobarómetro del 2016 para entender la manipulación de los medios con Nicaragua.










martes, 2 de febrero de 2021

DIPUTADOS DE MIELDA

 


Hace unos años ya en plena campaña contra el TLC se celebró en la Plaza de la Cultura un foro ciudadano. El micrófono fue pasando de mano en mano y en su momento el amigo Antonio Salas Mongalo hizo uso de la palabra. Criticó entonces el tratado y las consecuencias para los costarricenses y aprovechando la coyuntura nos regaló de propina algunas propuestas, a dos de las cuales me voy a referir ahora porque son las que vienen a cuento.

La primera era el Programa Notariado. Consistía esta propuesta en que los candidatos a un puesto de elección popular que presentan un programa para convencer a los electores, estuvieran obligados por el Tribunal Supremo de Elecciones a que este fuera protocolizado ante un notario como un contrato, de manera que el candidato ganador tuviera un compromiso legal de obligado cumplimiento con sus electores. De manera que los presidentes, alcaldes o diputados que se olvidaran de sus promesas electorales pudieran ser interpelados por los votantes defraudados, en los tribunales llegado el caso. ¿Cuál era el alcance real de este Programa Notariado? Acabar con las falsas promesas de campaña.

Salas Mongalo presentó el pertinente amparo electoral y este fue rechazado por el señor Sobrado con un “No ha lugar”. Estaba claro que sin esas mentiras de campaña, los candidatos no podrían ilusionar a los votantes, estos no votarían y aumentaría la abstención. Y a menos votos, menos presupuesto, menos deuda política, menos negocio. Por el bien de nuestra democracia, podía haber suscrito Antonio Sobrado, en campaña electoral SE PERMITE MENTIR.

La segunda propuesta consistía en la imprescriptibilidad de los delitos de corrupción. Y para que esto se hiciera realidad ya no eran suficientes los esfuerzos del amigo Salas, se necesitaba de una moción que reformara un artículo de la ley. Y desconozco los esfuerzos que el haya hecho para ello.

Esas y otras propuestas fueron aplaudidas por los asistentes al acto, pero las personas que lo acompañábamos le pusimos algún pero al asunto de la imprescriptibilidad y no, porque no nos gustara la idea. Ninguno de nosotros era abogado pero entendíamos que la imprescriptibilidad va generalmente asociada a delitos de guerra y lesa humanidad o a algunas formas de extrema violencia sexual contra menores. Ningún país se ha atrevido a ponerle el cascabel al gato, ni siquiera las modélicas socialdemocracias escandinavas.

El querer y el poder suelen ir de la mano en contadas ocasiones y no es nuestra limitada y sospechosamente corrupta democracia la que vaya a dar ese ejemplo. La moción necesaria para reformar la Ley Anticorrupción en un solo artículo fue presentada por la diputada Patricia Mora en el 2014 y desde entonces ha estado dando vueltas por la casa de los sustos hasta que el pasado mes de enero los diputados le dieron la puntilla. Solo el diputado Villalta y nueve legisladores más le dieron el voto y se lo negaron treinta y un señorías, otros nueve se perdieron por los pasillos y siete ni siquiera llegaron al plenario. No es nada sorprendente ni siquiera cuando ya han empezado la campaña electoral, ni cuando entre los opositores aparecen un montón de diputados de partidos cristianos que siempre andan con la palabra pecado en los labios. La corrupción como delito o pecado es algo que cura el tiempo.

Pero nos queda un sin sabor final y más cuando el diputado Villalta advierte que perseverara en el intento. Uno que no es abogado sabe que la asamblea cuenta con un órgano de servicios jurídicos que puede asesorar sobre el tema, tal vez nos dijeran que nuestra sospechas son ciertas y que no tiene sentido como dice el tico “seguir de majadero”. No debería el diputado del Frente Amplio decantarse por una reforma más razonable y posible. Por ejemplo subir el plazo actual de diez años a quince o veinte. O un juicio en ausencia. O… Cualquier otra cosa que no nos suene como medida demagógica y que no nos haga pensar que no tenemos más que diputados o políticos de mierda.

 





viernes, 1 de enero de 2021

OTRA CERVEZA

Proyecto de Arte Colaborativo


Vivimos en un orden económico aberrante y antiético, en unos tiempos de profundas trasformaciones sociales y laborales. Hay quien habla de cambio de paradigma e incluso de cambio civilizatorio. Pero elucubraciones filosóficas aparte, el ciudadano común empieza a intuir que va camino de una nueva esclavitud.

Y ante ese oscuro panorama uno siente la tentación de claudicar. De recurrir a sustancias que le ayuden a evadirse de esa abrumadora realidad. Como esa bien fría y asequible que nos ayuda por unas horas a soportar la vida de mierda que nos toca vivir.


El Proyecto de Arte Colaborativo "OTRA CERVEZA" busca la participación de todos aquellos que se quieran apuntar aportando una fotografía de la cerveza de su país y la frase en su idioma.


Este proyecto no es algo coyuntural. Llevaba un tiempo en “stand by” pero el nefasto 20 20 le ha dado el impulso necesario cuando casi todos nos hemos dado cuenta de la precariedad de nuestras existencias.

Para aquellos que optimistamente esperan un retorno a su normalidad, informarles que la anormalidad pandémica era la normalidad de miles de millones aunque sin mascarilla. Y que pase lo que pase, para ellos continuará la pandemia y la cerveza en que ahogar sus penas. 


Puedes colaborar enviando la información de la imagen y la frase al correo:

valendiazg@yahoo.es      



Collaborative Art Projet

 

We live in an aberrant and unethical economic order, in times of profound social and labor transformations. There are those who speak of a paradigm shift and even a civilizational change. But philosophical speculations aside, the common citizen begins to sense that he is on the way to a new slavery.

And before that dark panorama one feels the temptation to give up. To resort to substances that help you escape from that overwhelming reality. Like that very cold and affordable that helps us for a few hours to endure the shitty life that we have to live.

 

The Collaborative Art Project "OTRA CERVEZA" seeks the participation of all those who want to sign up by contributing a photograph of the beer from their country and the phrase in their language.

 

This project is not something temporary. It had been in "stand by" for a while but the disastrous 20 20 has given it the necessary boost when almost all of us have realized the precariousness of our stocks. 

For those optimistically hoping for a return to normal, inform them that the pandemic abnormality was the normal of billions without a mask. And whatever happens, for them the pandemic will continue and the beer in which to drown their sorrows.

 

You can collaborate by sending the information of the image and the phrase to the email:  

valendiazg@yahoo.es

 















miércoles, 29 de mayo de 2019

¿Hay que lamentar siempre la muerte violenta de un periodista?






Siguiendo las directrices del peor periodismo amarillista he escogido ese título tan largo para mejor atraer su atención. Y obligado a contestar la cuestión, sin claroscuros, sin medias tintas, sin irme por los cerros de Úbeda del periodismo políticamente correcto; mi respuesta es NO. Y es no, porque ese adverbio tan categórico de la pregunta, no me deja otra opción.
Pero una cosa es no lamentar una muerte y otra bien distinta, desearla. No le deseo la muerte a ningún periodista ni a nadie y mucho menos una muerte violenta y lamento la muerte de casi todos los periodistas. Si uno echa una ojeada a los informes de Reporteros sin Fronteras verá que hay demasiados casos dramáticos como para no acongojarse. Una parte importante de periodistas asesinados en el cumplimiento de su trabajo lo han sido en países en guerra. Como no recordar el caso de Juantxu Rodríguez el fotógrafo español asesinado impunemente en Panamá por soldados del ejército invasor, para demostrar que incluso en el frente de batalla las muertes de periodistas no son siempre fruto de los accidentes.
La otra parte son los asesinatos de periodistas en países que “oficialmente” no están en guerra y entre los que destaca el país azteca. Estos periodistas, colaboradores o blogueros que mueren en el ejercicio de su profesión, son valientes que se enfrentan a los poderosos, sean narcotraficantes, políticos corruptos o empresarios que los financian. A veces su espíritu heroico les lleva a descubrir y señalar culpables donde la justicia obsecuente no ha querido llegar. Y esos culpables, suelen ser implacables en la defensa de su delito. ¡Cómo no lamentar esas muertes! ¿Entonces?
Da la casualidad que no todos los periodistas están cortados por ese mismo patrón. Casi la mayoría se convierten apenas salen de la universidad en meros funcionarios de la información, aspirantes a hacer carrera en los emporios mediáticos locales o trasnacionales y para ascender en ese escalafón, solo sirven los periodistas complacientes a los intereses de los propietarios de los mismos... Según esta personal hipótesis, alguien dirá entonces que la libertad de expresión no existe, a lo que contestaría que difícilmente lo encontraran en esos medios. CNN, DW, BBC en esas y en otras grandes corporaciones hay excelentes profesionales que tienen toda la libertad de expresión para hablar de deportes, cultura-entretenimiento, ciencia y tecnología e incluso cierto ámbito de la política local e internacional. ¿Entonces?
Y de nuevo la pregunta recurrente. Para cada vez menos personas ha dejado de ser un secreto que los grandes consorcios mediáticos, esos que generan las noticias y marcan la agenda a los demás, están cada vez más concentrados en un pequeño grupo de propietarios que lo son al mismo tiempo de las entidades financieras y grandes trasnacionales. Tienen la propiedad de los grandes medios privados directamente, al ser dueños de la mayoría de sus acciones y de los públicos al ser los financistas de los partidos políticos que gobiernan en las democracias de occidente. Esto nos lleva a la conclusión de que tienen el poder de crear la realidad en la que vivimos. A aquellos que se quedan por fuera y tienen la herramienta de las redes para oponerse a esa homogeneidad informativa, se les coloca la etiqueta de conspiranoicos o fakes (que los hay) y en consecuencia ya se legisla globalmente para su efectivo control, en defensa de la LIBERTAD DE EXPRESION.
Todos recordamos cuando en la Asamblea General de la ONU el militar y Secretario de Defensa de EEUU Colin Powel aseguró que Irak tenía armas de destrucción masiva. Podría haber dicho que la tierra era cuadrada, y sin aportar ninguna prueba casi todo el mundo le creyó. Hoy después de 16 años y de más de un millón de muertes sabemos que todo era falso. La mentira para cumplir el precepto de Goebbels y convertirse en “verdad” necesitó repetirse un millón de veces, y para ese trabajo están los medios de comunicación, hablados e impresos, que la repitieron hasta la saciedad. Todo ese genocidio iraquí quedó impune así como quedaron impunes los cómplices que lo propiciaron. ¿Habrá que lamentar la muerte violenta o no de los que participaron conscientemente en esa matanza? Sabemos que Powel, como Bush o Blair o Aznar son elefantes demasiado grandes como para sentarlos en el banquillo de los acusados, pero no podríamos intentarlo con sus acólitos.
Bucear en las hemerotecas nos sirve para ver las firmas de los que de manera insistente repetían la mentira iraquí. Editoriales anónimos, noticias de agencia tergiversadas y utilizadas para para sustentar la apología de la guerra, columnas de redactores y periodistas, politólogos y opinólogos al uso, faranduleros y tertulianos conmovidos por una crisis humanitaria que occidente con su bloqueo previo habían generado, aparecen sobre el papel casi amarillento. Han pasado 16 años y hoy esas mismas caras y esas mismas firmas aparecen de nuevo como una versión repetida, pero esta vez para demonizar a un gobierno y un país mucho más cercano y que habla nuestro idioma.
Venezuela tiene las más grandes “reservas probadas” de petróleo del mundo, esta es una verdad que se maneja en las redes pero no siempre aparece en los noticieros “generalistas”. No interesa que el público que recibe la dosis pertinente de programación mediática vea esta noticia y vaya a sacar sus propias conclusiones. Como pensar que una vez más, la guerra contra Venezuela es una guerra por petróleo, por sus recursos, una guerra de rapiña. Y sin embargo el guión parece calcado.
Desde que se iniciara el proceso bolivariano con Chávez y una vez muerto él, la oposición política local no ha visto la ocasión de revertir por la vía democrática dicho proceso al socialismo. Un proceso que priva a los Estados Unidos y a los consorcios de poder trasnacional que lo gobiernan del recurso petrolero en el momento que más lo necesitan. Descartadas las urnas se recurre a las cañoneras.
La guerra no convencional de los Estados Unidos ha sustituido a los groseros golpes de estado a que recurriera antaño en este hemisferio, porque los tiempos cambian y hoy, salvo en casos excepcionales, resultarían grotescos y de mal gusto. El Manual (ATP 3-05.1) de sus Fuerzas Armadas o el Manual Sharp, su versión civil y comercial sugestivamente titulado “De la dictadura a la democracia” son las herramientas utilizadas ahora como lo fueron en Irak, Libia, Ucrania o Siria. Ambos incluyen una fase previa que es la guerra de información. Podría decirse que es la fase no letal de ese golpe suave y posmoderno disfrazado de revolución ciudadana. Esa guerra tiene por objeto desprestigiar y deslegitimar al gobierno democrático o no que se quiere derrocar. Y ese desprestigio legitimará las siguientes medidas que serán de carácter económico (bloqueo comercial, incautación de cuentas y activos del país en el exterior, aplicación extraterritorial de las leyes del EEUU, etc.) y que si cobran vidas entre la población más vulnerable, aunque estas víctimas sean invisivilizadas en los medios de comunicación aliados de la causa.
Venezuela se encuentra ahora en esa fase de los manuales. La guerra económica empieza a tener victimas cuantificables (se empieza a citar la cifra de cuarenta mil muertos producto de la misma) pero los medios callan, como callan ante esos niños que van a perder la vida al no poder ser operados porque los fondos para pagar esos gastos hospitalarios están congelados por bancos internacionales que también se aprovechan de las circunstancias. Como no recordar el montaje de las incubadoras desconectadas por los “mengeles” al servicio de Sadan Husein y no pensar en las incubadoras desconectadas tras el ataque cibernético a la red eléctrica venezolana, disfrazado por los sicarios mediáticos como una falla debida a la incompetencia de servicio venezolano. Estos no son montajes, son casos probados y probables ante un tribunal cuando llegue el momento.
¿Habrá que lamentar la muerte de los periodistas que son cómplices en esta guerra mortal? Habrá que lamentar la muerte de un Jaime Bayly que desde su programa en Miami, aboga todas las noches por el golpe y la intervención militar, por los bombardeos y el exterminio de los chavistas (la mitad de los venezolanos en el mejor de los casos). Mi respuesta vuelve a ser NO. Y no se trata de un linchamiento contra todos, pero hay que poner coto a la impunidad y sentar responsabilidades, a cada cual en su justa medida.
Personalmente he iniciado mi lista negra (negra porque ese es el color del bolígrafo con que la escribo) de los periodistas que desde los medios locales que frecuento se están apuntando a la infamia e invito a los lectores de estas líneas a que empiecen a hacer lo mismo. Algo así como el medio, el título, el autor y la fecha. Un memorial de los infames que tal vez llegue, ese es mi deseo, a una especie de Tribunal Russel de los periodistas.
Ese es mi afán y haré lo posible porque este escrito llegue a las manos de los periodistas honestos y significados que puedan llevar adelante la iniciativa en defensa de una verdadera LIBERTAD DE EXPRESIÓN libre de sicarios de la información al servicio del mejor postor.