miércoles, 31 de enero de 2024

Performance Ana Frank


(Intervención muy inapropiada de la estatua de Ana Frank).



  

I El mito de Ana Frank.

II El antisemita eres tú.

III La creación del estado de Israel 

y el inicio de la actual guerra en 1948

IV ¿Y ahora qué?



 I EL MITO DE ANA FRANK. 




 

Annelies Marie Frank (Ana Frank) comenzó su diario en junio de 1942, cuando tenía 13 años, y junto con su familia se trasladó a un pequeño ático anexo a un almacén en Ámsterdam. Dos años más tarde, con intención de enviarlo a un certamen, comenzó un borrador revisado eliminando muchas partes del diario original.

Los estudiosos de la obra de Ana Frank han clasificado las tres versiones del diario con las letras A, B y C. La A corresponde al texto original, en el que la adolescente narra el conflicto en primera persona; la B, la reescritura de la propia Ana Frank, meses antes de que su familia fuera descubierta por los nazis, trabajando el texto ya con una asombrosa conciencia de escritora; y la C, en la que entra en juego Otto Frank, con sus correcciones, eliminaciones y posibles adiciones.

Otto Frank, el único sobreviviente de la familia, regresa a Holanda tras la victoria aliada y Miep Gies una de sus protectores, le entrega los diarios y cartas que había conservado. El texto C es el publicado por Otto Frank en 1947 con el título en holandés de El anexo, nombre con el que conocían la buhardilla donde se ocultaban. Incluía en él, partes que su hija había descartado de la versión inicial, incluyendo cartas y otras hojas sueltas escritas por Ana, en una modesta edición de ejemplares que no tardarían en agotarse.

Otto, que era un empresario talentoso y que lo había perdido todo, no tardó en darse cuenta de que el libro era un filón y una vez que el nombre de su hija empezó a ser reconocido, no tardó en preparar las nuevas ediciones con el escueto título de Diario de Ana Frank. El libro no tardaría en ser traducido al inglés convirtiéndose en un superventas y generando a la vez múltiples polémicas sobre su autenticidad.

El éxito de la edición en inglés condujo a una dramatización teatral en 1955 y, finalmente, a la película El diario de Ana Frank. Versiones edulcoradas ambas, para el gusto del público norteamericano y con escándalos por los derechos de autor que terminaron en los tribunales.

En 1957, cuando se enteró de la posible demolición de la fábrica y el escenario de la escritura del diario, decidió comprar la propiedad para convertirla en un museo y unos años después fundaría en Suiza la fundación que gestiona la publicación de los diarios, sus traducciones y todos los derivados.

Su vida hasta su muerte giró en torno a los diarios, la memoria de su hija, la denuncia de la barbarie vivida bajo el nazismo. Y a entablar multitud de demandas contra aquellos que osaban negar su autenticidad.

Aunque no fue esa la actitud de muchos otros supervivientes del holocausto, entre los que había escritores que también dejaron constancia de su trauma en obras de mucha mayor calidad; y otros como Primo Levi, que después de escribir durante años sobre su experiencia terminaría suicidándose; no hay nada que reprochar en la actitud de Otto salvo esa pequeña o gran mentira de su participación en la redacción final del diario y que mantuvo hasta su muerte en 1980.

Y no sería hasta 1995 cuando se publicó la llamada «edición definitiva» del ya celebérrimo «Diario», año en que se restauraron determinados pasajes que Otto había suprimido de la versión que se publicó en Holanda en 1947 y en Estados Unidos, en 1952, y declarándose libro de lectura obligatoria en las escuelas de cada vez más países.

Bajo la legislación europea, los derechos de autor de una obra expiran una vez pasados 70 años de la muerte del   Frank debió haber pasado al dominio público el primero de enero de 2016. Aquello llevó a que Olivier Ertzscheid, profesor de la Universidad de Nantes, publicara en su blog el texto original en holandés, y al mismo tiempo, Isabelle Attard, del Partido Verde francés, lo puso en línea en su sitio web.

Y por supuesto, no se hicieron esperar los reclamos de la Fundación Ana Frank, con sede en Basilea y una nueva controversia legal. Aquí lo que se trataba no era ya la autenticidad o no de los diarios que niegan los negacionistas, sino que conforme a las leyes vigentes, el libro pasara a considerarse de dominio público, con lo que la fundación dejaría de recibir sus pingües beneficios. Y no solo eso, la frase: Diario de Ana Frank es también una especie de marca registrada de la fundación y un enfoque distinto bajo ese título podría perjudicar muchos otros intereses. En la nueva polémica, la fundación no tuvo otro remedio que reconocer a Otro Frank, por cortar, pegar y cambiar, como coautor del libro y merecedor de derechos de autor, y, por tanto, ya que murió en 1980, estos se extenderán eternamente.

Pero más allá de los posibles beneficios económicos, el diario en cuestión entraña otros intereses. Recordemos la frase célebre del célebre caza nazis Simon Wiesenthal al padre de Ana: “El diario de Ana Frank —símbolo de la persecución de los judíos— era más importante que los juicios de Núremberg. Ana representa a la niña inocente (los judíos) atrapada en la maldad (los nazis)”.

El libro, con sus más de treinta millones de ejemplares vendidos y siendo aún de lectura obligatoria en occidente; es un eficaz instrumento de propaganda y recuerdo del Holocausto, un acontecimiento, no lo olvidemos que fue primordial para la creación del Estado de Israel, para su defensa en los conflictos posteriores y para justificar la actitud violenta actual contra el pueblo palestino.

Para finalizar con el tema, recordar esta anécdota de Norman Finkelstein un judío norteamericano autor de “La industria del holocausto”, tachado también de antisemitas, quien en una conferencia se vio interpelado por una joven judía ofendida por sus opiniones: “Mientras mi padre estaba en Auschwitz, mi madre estaba en Majdanek; cada uno de los miembros de mi familia fue exterminado, y es precisamente por las lecciones que mis padres nos enseñaron a mí y a mis dos hermanos, que no voy a ser silenciado cuando Israel comete sus crímenes contra los palestinos; porque considero que no hay nada más despreciable que usar el sufrimiento y el martirio de ellos para intentar justificar la tortura, la brutalidad, la demolición de hogares, que Israel comete diariamente contra los palestinos”.

 

 




Fuentes:

*Benjamin H. Freedman. Eran Elhaik. Shlomo Sand. Maret Halter. Mirolad Pavi. Meir Margalit. Iris Leal. Avi Shlaim. Benny Morris. Ilan Pappé. Dr. Eran Elhaik

Wikipedia

 

 






II  EL ANTISEMITA ERES TÚ




 

Y es muy inapropiada porque Ana Frank, su nombre y el título del diario que se le atribuye, es uno de los principales artefactos de la propaganda sionista y como verán, basados casi todos en la mentira para justificar su aventura colonial en Palestina y todas las barbaridades que ese afán les obliga a cometer; arrojando el insulto de antisemitas a todos los que se atreven a cuestionar su violento proceder. Y este insulto procede de otra usurpación del concepto semita, del que no es ajeno entre otros nuestra RAE.

Para la academia, en su primera acepción del término semita, dice: “Según la tradición bíblica, descendiente de Sem”. Y en una segunda acepción, se lee: “Dicho de una persona: que pertenece a alguno de los pueblos que integran la familia formada por los árabes, los hebreos y otros”. Esto deja bien claro que tanto los hebreos como los palestinos son pueblos semitas y cualquier acto contra ambos debería considerarse un acto de antisemitismo. Pero los tiempos cambian y con ellos el idioma y las definiciones, a menudo de manera interesada.

Después del Holocausto, la academia española, siguiendo una corriente general al calor de los hechos recientes, optó por definir el antisemitismo con estas palabras: “Que muestra hostilidad o prejuicios hacia los judíos, su cultura o su influencia”. Dejando por fuera él: árabes y otros.

Con esa definición en la mano los ultraortodoxos judíos jaredíes de la secta Neturei Karta que no reconocen al Estado de Israel creado en 1948, que queman su bandera, que se oponen a los nuevos asentamientos y que se solidarizan con las víctimas palestinas; pueden ser tachados de antisemitas. Como también decenas de judíos, semitas y azquenazis, académicos, artistas o ciudadanos comunes que dentro y fuera critican las posiciones más belicistas.

Y no, no lo son, son como nosotros antisionistas.

No tenemos nada contra los judíos, las personas que salimos a la calle a protestar por los crímenes del ejército israelí, o al menos, no la mayoría. Sabemos que hay cientos de víctimas del Holocausto que condenan esa violencia, como creemos que lo haría Ana Frank, y cientos de miles de judíos en Israel que también la condenan y lo manifiestan en las calles. Pero el sionismo, que es un monstruo grande y pisa fuerte, tiene el poder económico para crearnos una realidad paralela. Una realidad que les coloca a base de mentiras en el papel de las víctimas.

Desde el 7 de octubre, (otra mentira que nos hace creer que estamos ante una guerra nueva), como desde hace más de setenta años, los verdaderos antisemitas, los que despojan al pueblo semita de los palestinos, los que los expulsan de sus tierras, los segregan en nuevos guetos, los encarcelan, asesinan y masacran son los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel. El Israel sionista es hoy el principal antisemita.

Con las definiciones del diccionario antes aludidas podrían negar la mayor y decir que se trata de una guerra civil entre población semita, pero aquí entra el factor azquenazi. La mayoría de la población bombardeada por la industria cultural sionista-americana cree que la diáspora del tiempo de los romanos dispersó a los judíos por las riberas del Mediterráneo, unos por el sur hacia la península ibérica (sefarad) y otros por el norte hasta llegar a Alemania (azkenaz) un nombre muy arbitrario para definir al país teutón por el gran número de judíos que se establecieron en algunos de sus länder.

En realidad, Azquenaz es un término bíblico, el nombre de uno de los hijos de Gomer, según la Reina Valera, cuyos descendientes se establecieron alrededor del mar Caspio y que por su retraso cultural la palabra llegó en su momento a convertirse en un sinónimo de bárbaro entre los judíos de Palestina, para muchos siglos después dar el nombre de askenazis a los judíos establecidos en Europa oriental. Judíos de religión pero no judíos étnicos en su mayoría.

El historiador y novelista húngaro de familia judía Arthur Koestler en su libro “La decimotercera tribu”, es tal vez el primero en dar a conocer la historia de los jázaros de forma casi novelada. Fueron un pueblo nómada que en un momento dado decidieron crear un imperio estable en la región del mar Caspio, al sur de una naciente Rusia cristianizada y al norte de un oriente medio musulmán. Como en un cuento de las mil y una noches, rey Bulán deseoso de abandonar su paganismo para convertirse a una religión monoteísta, convocó a su presencia a un obispo, un imán y un rabino para que le convencieran de las bondades de sus creencias antes de elegir una de las tres. Pero tal vez más que los argumentos de las Eminencias convocadas pesaron las razones geopolíticas. Ya que rodeado su floreciente imperio de cristianos al norte y musulmanes al sur, la opción judía le garantizaba una neutralidad entre los posibles enemigos. Fue así como Bulán se convirtió en el único rey judío de esa época y con él, es de suponer que todo su estado y más tarde, la mayoría de sus súbditos. El imperio de los jázaros posteriormente sería disuelto por la expansión de otros imperios y una parte importante de su población se dispersó hacia la hoy Europa oriental, donde surgen los hoy llamados azquenazi.

La paradoja de esta historia es que aquellos jázaros eran tribus arias y lo son también sus descendientes porque sus preceptos religiosos adoptados les impedían contraer matrimonio con personas de otras religiones y los judíos verdaderamente semitas eran una minoría en la Europa oriental invadida por Hitler. Así que los nazis, orgulloso de su supremacía racial, orquestaron todo un demente Holocausto donde la mayoría de sus víctimas eran tan arios como ellos, incluida posiblemente, y por cálculo de probabilidad estadística, Ana Frank, su mito por excelencia.

¿Esto es como decir que el Holocausto no fue un genocidio antisemita sino antijudío? Pues yo no me atrevo a tanto porque no sé qué pasaba por la mente de los jerarcas del nazismo. Ni las implicaciones que tuviera en su momento.

Si no de un antisemita, estás deducciones podrían achacarse a una mente antijudía, pero no. Si duda de estos argumentos, chocantes para una mayoría adoctrinada, deben saber que he recurrido exclusivamente a fuentes judías (asquenazis y sefardíes) que citaré al final, * porque aún hay más.

 






Fuentes:

*Benjamin H. Freedman. Eran Elhaik. Shlomo Sand. Maret Halter. Mirolad Pavi. Meir Margalit. Iris Leal. Avi Shlaim. Benny Morris. Ilan Pappé. Dr. Eran Elhaik

Wikipedia

 




III LA CREACIÓN DEL ESTADO DE ISRAEL

Y EL INICIO DE LA ACTUAL GUERRA EN 1948

 

 




Después de la derrota del nazismo, los europeos fueron testigos de la magnitud del Holocausto. Las fotografías y los documentales que filmados en el mismo momento de la liberación de algunos campos de concentración, pusieron ante los ojos de los europeos las imágenes de un infierno inimaginable y ese shock opacó al resto de las víctimas de la contienda. A los millones que habían muerto en ambos bancos y a otras minorías y a los civiles alemanes que estaban sufriendo una represión injusta. Y de esa desgracia sobredimensionada o no, sacó beneficio la ideología sionista.

En un principio la ideología sionista fue articulada por Theodor Herzl, su fundador en el siglo XIX, a partir de ideas ya expresadas por otros pensadores y rabinos. Consistía básicamente en crear un Estado judío que fuera capaz de brindar protección a esta población ante el embate histórico del antisemitismo que periódicamente surgía en Europa oriental con especial virulencia en la Rusia zarista. Aunque los países del occidente no estuvieran libres de esa culpa antisemita.

Herzl nació en una familia de la burguesía judía emergente en el Imperio austrohúngaro. Creció en un ambiente confortable, liberal y laico. Era lo que se entendía por un judío asimilado. Un judío integrado en la vida cultural del imperio y que proponía que esa debería ser la actitud de los judíos estuvieran en el país que estuvieran y que es una ideología que aún persiste en una gran parte de los judíos en la diáspora.

Pero su estancia en Paris cubriendo el Caso Dreyfus para un periódico vienés le hizo cambiar de actitud al ver las manifestaciones antijudías después de ser sentenciado y degradado injustamente el capitán. Entendió que era imposible combatir el antisemitismo en Europa y la opción era crear ese estado judío lejos de allí. Adoptó entonces el sionismo y se convertiría en su líder indiscutible hasta su muerte. Su figura hoy está tremendamente satanizada por la deriva extremista de sus sucesores. En su obra programática “El Estado Judío” escribía: “No es necesario decir que debemos tolerar respetuosamente a la gente de otras religiones y proteger su propiedad, su honor y su libertad con las más severas medidas de coerción. Esta es otra área en la que debemos mostrar al mundo entero un magnífico ejemplo…” Y en su novela Altneuland (La vieja nueva tierra) previó que los no judíos tendrían los mismos derechos que los judíos en una democracia. Nada más alejado de los preceptos actuales.

Herzl murió en 1904 y a pesar de sus intentos al más alto nivel dentro de los imperios británico y otomano en franca hostilidad, no pudo obtener un acuerdo para trasladar a los judíos europeos y fueron escasos los que con fortuna realizaron la travesía. No sería hasta después de la Primera Guerra Mundial, con la derrota del imperio Otomano y la administración de esa parte de su territorio por los británicos, que se firmaría la Declaración Balfour que en palabras de Arthur Koestler era algo así como: “Una nación promete solemnemente a una segunda el territorio de una tercera”. Pero aunque el idilio entre sionistas y británicos se rompió unos años después, las olas migratorias fueron constantes y en aumento desde entonces, llegando a una Palestina habitada por árabes, cristianos y judíos que hablaban todos en árabe y no entendían el yiddish de los nuevos judíos recién llegados.

Era la segunda llegada de los judíos a la tierra prometida. Recordemos que los orígenes remotos de la religión judía hay que situarlos en Mesopotamia, en la Ur de Caldea, donde nació Abraham, posiblemente hacia el año 1800 a.C. y que después de la promesa de Yahvé, se encaminó a la tierra prometida en Canaán donde desarrollaron su historia hasta la época de Jesús, la Palestina Romana, conviviendo con otras tribus y de donde serían expulsados por los romanos allá por el año 70 d. C.

El hebreo era la lengua de Abraham y si la comunicación con Yahvé no fue telepática, esa fue la lengua en que hablaron. Según la etimología bíblica, hebreo significa: “el que viene de la otra orilla”, y hace referencia al río Éufrates que cruzaron para llegar desde Ur a la tierra de los cananeos.

Una lengua que llegó a extinguirse, reduciéndose su uso solo a la liturgia en la sinagoga; recordemos que el judío Jesús y sus apóstoles predicaban el evangelio en arameo.

Así que los nuevos pobladores de la Palestina tuvieron que resucitar el hebreo como una labor principal para poder entenderse entre ellos en el estado por construir. Los judíos locales que convivían con los palestinos hablaban el árabe, los procedentes de Europa oriental de origen jázaros hablaban el yiddish (una derivación del alemán de la época con palabras hebreas y eslavas) y los sefardíes el idioma de su país de procedencia, además de esa joya que es el ladino o español de la baja edad media, que se llevaron de España al ser expulsados por los Reyas Católicos.

Y mientras se afanaban en esas labores alfabéticas, seguían llegando más judíos que empezaban a organizar las bases de lo que sería el nuevo estado. Se iniciaban entonces los conflictos con la población local palestina, que ya empezaba a ver una amenaza a su preponderancia y su soberanía, y también con las autoridades británicas, que veían el incumplimiento de los acuerdos adoptados en su momento.

Es en ese contexto dónde se produce la victoria de los aliados con la llegada de los rusos a Berlín. En el continente devastado, destruido por esa larga y cruenta guerra, donde muchos no tienen que comer ni un techo que les cubra; las imágenes que empiezan a ver en los periódicos y en las pantallas de los cinematógrafos, les presentan la realidad de “otro” al que le ha ido mucho peor, y entre los ciudadanos y los políticos empieza a fomentarse el sentimiento de la culpa.

Cualquier cosa que se haga por el bien de ellos, de las verdaderas víctimas, será bien visto y aceptado por la población. Los sionistas lo saben y aceleran sus labores diplomáticas a la vez que las militares o terroristas, pues ese es el nombre que se da al grupo sin estado que rompe el monopolio de la violencia. Es cuando se escucha tal vez por primera vez la expresión de acto terrorista para describir las acciones de los judíos contra las tropas de ocupación británicas. La Declaración Balfour vuelve a la palestra. Los acuerdos diplomáticos se aceleran en las nuevas Naciones Unidas y pese a la oposición de los países árabes, se acuerda la partición de Palestina en dos estados: uno judío y otro árabe. Los sionistas, aprovechan la resolución para proclamar de manera unilateral el Estado de Israel después de la salida del último soldado británico por David Ben-Gurión el 14 de mayo de 1948.

Acto seguido, los estados árabes vecinos y aliados de los palestinos, Egipto, Siria, Irak, Jordania y Líbano le declaran la guerra al nuevo estado de Israel. El conflicto se resuelve de manera breve por un ejército judío que no hizo, sino adelantarse a los acontecimientos y fruto de esa victoria, toma una cuarta parte más del territorio que el plan de la ONU le asignaba, promueve la migración masiva de nuevos judíos europeos y expulsa a los palestinos de sus tierras. Es otra de las grandes mentiras del sionismo que durante años mantuvieron la versión de que los palestinos derrotados abandonaron sus tierras por su propia voluntad o alentados por los vecinos árabes en contienda.

Hoy historiadores de universidades israelís han publicado, y siguen haciéndolo, documentos desclasificados que prueban las órdenes emanadas de las más altas instancias, ordenando la expulsión de todos los palestinos del territorio israelí, impidiendo su retorno como ordenaba la ONU. La Nakba, que significa catástrofe o tragedia en árabe, es como denominan los palestinos a esta acción que se inició antes de 48 y proseguiría después, causando miles de muertos y desplazando de manera forzada a más de 750.000 palestinos con el objetivo de impedir la creación de un estado palestino que cobijara y defendiera sus derechos. La tragedia o catástrofe palestina, la Nakba, no ha tenido un final, sino distintos niveles de intensidad. Porque el objetivo declarado del sionismo es la limpieza étnica, todo un territorio para un solo pueblo. Dejando de lado los delirios de los sionistas revisionistas que hablan del Gran Israel.

Urge parar el genocidio y evitar la diáspora de los gazatíes como objetivo prioritario. Después será una ardua labor pensar en la solución de dos estados tras la violencia desatada. Pero no queda de otra. 

 

                     

 





Fuentes:

*Benjamin H. Freedman. Eran Elhaik. Shlomo Sand. Maret Halter. Mirolad Pavi. Meir Margalit. Avi Shlaim. Benny Morris. Ilan Pappé. Iris Leal. Dr. Eran Elhaik

Wikipedia

 

 

  

IV ¿Y AHORA QUÉ?

 

 

 




 

Desde 1948 año de la fundación de este estado cuasi teocrático de Israel donde en muchas ocasiones se mezclan la raza, la religión, el idioma y la ideología, su configuración étnica ha sufrido un cambio considerable.

La hegemonía askenazí en Israel que empieza a consolidarse de manera progresiva desde el final de la primera guerra mundial con la llegada de los sionistas de ideología socialista y cuyo representante genuino podría ser David Ben Gurion el fundador del partido Mapai ha cedido terreno ante la inmigración de judíos orientales o sefardíes y el auge demográfico de los ultraortodoxos.

Israel es un país marcado por las castas de origen. Los socialistas del Mapai de procedencia europea relegaron a los judíos que vivían en Palestina y hablaban árabe en los años de la fundación del estado y lo hicieron aún más con los miz rajíes que eran los judíos que procedían de los países árabes vecinos que se vieron relegados casi como ciudadanos de segunda clase lugar que abandonarían con la llegada de los falashas hace 30 años procedentes de Etiopía. Estos judíos negros se integran en el ejército y la policía para abandonar su posición marginal.

Esa facción azkenazi ha perdido su superioridad demográfica pero sigue siendo la élite gobernante del país. Lo que si ha cambiado notablemente es su ideología. El socialismo de los kibutz y el milagro agrícola es cosa de la historia.

Empezó a serlo después de la guerra del Yom Kipur que a pesar de la victoria militar se convirtió en una derrota sicológica en medio de la guerra fría y sobre todo después de la caída del muro de Berlín. La mayoría de los nuevos migrantes procedentes de la Europa oriental y Rusia eran y son profundamente anticomunistas y eso alteró aún más la fisonomía política del país.

Israel ha cerrado los ojos a su complejidad étnica y religiosas, y a su pasado. “Ha ninguneado la historia a su antojo”, como dice el historiador judío Meir Margalit.

En el Knéset, su parlamento, en este atípico país sin constitución se multiplican y se destruyen infinidad de alianzas circunstanciales entre partidos sin ideología que solo actúan en defensa de sus intereses de casta.

Incluso entre los movimientos religiosos existe una separación por origen: Unión de la Torá y el Judaísmo agrupa a los askenazíes, mientras el Shas recibe el voto de los jaredíes orientales o sefardíes.

Y en ese río revuelto el miembro de la realeza askenazí Benjamín Netanyahu, se ha convertido en el pérfido príncipe de Maquiavelo que ha encadenado tres triunfos sucesivos en las urnas convirtiéndose en casi un dictador al servicio de intereses de una minoría y sobre todo exteriores.

En ese contexto se pueden entender mejor los sucesos que antes del 7 de octubre tenían al país al borde de una guerra civil.


Y en eso llegó Hamás... y se comenzó la destrucción.

 

 





Fuentes:

*Benjamin H. Freedman. Eran Elhaik. Shlomo Sand. Maret Halter. Mirolad Pavi. Meir Margalit. Iris Leal. Avi Shlaim. Benny Morris. Ilan Pappé. Iris Leal. Dr. Eran Elhaik

Wikipedia

 

 

 



lunes, 1 de enero de 2024

Que trabajo nos cuesta ser demócratas.

 


I


Solemos decir que la democracia no consiste en votar cada cuatro años, sino que es una labor de todos los días para mejorar la sociedad en qué vivimos y sobre todo mejorar la situación de aquellos a los que les va peor; a los que como se dice ahora: se van quedando atrás.

En Argentina el número de esos que se iban quedando atrás alcanzaba cifras astronómicas, los últimos datos en la gestión del anterior gobierno hablan de más del 60% de familias argentinas por debajo del índice de pobreza. Esos eran los atestados del candidato Massa, un político trepador que en los últimos 20 años se había puesto todas las camisas ideológicas posibles (lo que incluye la antiperonista al lado de Macri y la peronista con Alberto Fdez.) sin perder esa sonrisa encantadora del típico psicópata. El psicópata marxista en la acepción grouchesca del término: "Estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros".

Tenía otros principios maravillosos para el próximo cuatrienio, pero no estaba dispuesto a aplicarlos como actual ministro de economía con medio país pasando hambre. No sé cómo les suena esta frase a los que ahora y aquí en Costa Rica desde las trincheras dela izquierda están ejerciendo el escatológico derecho del berreo contra Milei y su motosierra.

En esto se ha convertido la democracia representativa que occidente trata de imponer en todo el mundo. "No nos representan" corean las masas en las manifestaciones contra sus políticos o ante los foros de los G7, G20, Davos o Bilderberg. Pero cuando llega un proceso electoral como este último en tierras australes, y cuando llega una segunda vuelta electoral con dos candidatos que representan los mismos intereses de los grandes grupos de poder financiero global, entonces nos ponemos una de las camisetas y como borregos salimos a dar la "vida" por una de las opciones aunque vivamos a miles de kilómetros.

Ninguno de los dos candidatos, Milei o Massa representa los intereses de ese 60% de familias pobres de Argentina. O no los representa por encima de los intereses de las oligarquías que los colocan en el poder. Son simplemente dos opciones que desde el poder hegemónico presentan dos modelos distintos para que esos niveles de desigualdad y pobreza no lleguen a ser una amenaza para esa democracia que representa los intereses de los más ricos. Hace unas décadas los argentinos tenían las cosas más claras y salieron a las calles al grito: "que se vayan todos".
Hoy, casi la mitad de ellos siguen embaucados por una élite de testaferros políticos que en su momento secuestraron el peronismo como un artefacto de ingeniería social para intentar recuperar el statu quo.

Y no, no se fueron todos, no se fue casi nadie. La innombrable casta política que llevó a la república al borde del colapso sigue ahí y ahora es invitada por el nuevo presidente que ayer la execraba para que lo ayuden a ejecutar el nuevo plan de ajuste que pagarán sobre todo los pobres que votaron a uno y otro de los candidatos. Que parte de la pantomima no acabamos de entender. Los argentinos han elegido presidente (los apologetas de la democracia dicen que el pueblo nunca se equivoca) y lo han hecho por un amplio margen por un candidato que advirtió de las medidas draconianas que se habrían de tomar. Y se están tomando; y los que presumen de demócratas aquí y allá no tienen más que respetar el resultado de las elecciones.

El resultado de esa democracia representativa, de la que son cómplices sobre todo esa nueva izquierda progresista que antepone al hambre y la miseria, los derechos de unas minorías sacadas de la chistera de una agenda importada del exterior para no afectar sus bolsillos. Y también una mayoría de dirigentes sindicales como los que retrató Fernando Solanas en su excelente documental "Memoria del saqueo". Un saqueo que vuelve a estar a la vuelta de la esquina incrustado en ese extenso y excelente Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que no es un invento nuevo del loco de la motosierra, sino una figura legal e inconstitucional por la que el Poder Ejecutivo se inmiscuye en el Legislativo.

Y es notable porque está derogando leyes de viejísimos dictadores como las de Onganía el golpista que acabó con el peronismo de la primera fase, o las de Videla que puso fin a la restauración del peronismo con María Estela de Perón y dio inicio al genocidio. Leyes que por cierto no incomodaron en lo más mínimo a los nuevos gobiernos democráticos, incluidos los del kirchnerismo.

¿Y ahora qué? ¿Hay que salir a la calle con la cacerola en mano como un nuevo acto del sainete convocados por los perdedores que quieren preservar sus prebendas? ¿Hay que esperar a que Milei termine de hacer el trabajo sucio que le han encomendado y entonces aprovechar el regreso del péndulo para subir otra vez al usufructo del estado y de las migajas? ¿Hay que seguir siendo los comparsas de esta representación donde los actores principales siempre son elegidos por el dueño del teatro?

 

II

 

A veces se escuchan palabras como refundación. Pero refundar, ¿quiénes y con qué herramientas? Los causantes de la debacle financiera del 2008 también hablaron de la refundación del sistema financiero y seguimos estando como estamos. En este caso, refundar la democracia (y no hablamos solamente de la argentina) es una tarea titánica. ¿Quién ha de encargarse de ponerle el cascabel al gato? El pueblo, por supuesto, debería ser el encargado. El pueblo al completo. La ciudadanía con mayor poder económico y la que no tiene ninguno. Los arrogantes letrados y los humildes que ni siquiera tuvieron la posibilidad de escolarizarse. Demás está por decir a estas alturas que hombres y mujeres, pero no exclusivamente mayores de 18 años, porque esa democracia refundada a que aspiramos, debe ser imaginada por los más jóvenes que serán los encargados en un futuro de disfrutarla.

Pericles hace más de 2500 años en su oración fúnebre a los soldados caídos en la guerra se vanagloriaba de la democracia ateniense. Ellos habían sido los inventores de la democracia con sus defectos iniciales. Una democracia participativa y directa donde quedaban excluidas de participar las mujeres, y los esclavos y extranjeros. Pero una democracia sin partidos políticos ni sufragio universal en la que la mayoría de los cargos se elegían por sorteo, entre ciudadanos ricos y pobres, sin posibilidad de que el postulado pudiera renunciar a su obligación republicana y por un periodo de un año para evitar la profesionalización. Y hago énfasis en estos dos últimos puntos porque son el origen en todas las democracias actuales de la formación de esa tan cacareada casta que como un cáncer ha carcomido la esencia democrática. Y lo ha hecho hasta tal punto que hay muy pocos ciudadanos que puedan imaginar una democracia hoy, sin esos partidos y esas elecciones.

Los votantes que aún participan donde la participación es un derecho y aquellos que lo hacen por imperativo legal, casi todos son conscientes que al final el candidato o partido vencedor lo es en gran medida por los apoyos económicos conseguidos para la realización de la campaña. Que el dinero manda y que más importante que el programa electoral en sí, es el marketing y la empresa trasnacional que fabrica al ganador.

Lo que no muchos conocen son otros pasos anteriores. Como teoría política desarrollada por el sociólogo Robert Michels ya hace más de un siglo y conocida como la ley de hierro de la oligarquía en su libro “Los partidos políticos”. Que viene a describir como se genera esa burocracia de compadrazgos en los partidos, permitiendo que lleguen a la dirección de los mismos esa casta que se corrompe para anteponer sus intereses de clase personales a los de los electores. Y otro autor interesante es Michael J. Sandel que en el 2020 publica “La tiranía del mérito” que en gran parte de la obra va explicando cómo se forman esas elites en los partidos políticos que terminan siendo una clase o grupo muy distinto a los ciudadanos a los que dicen representar.

Creo que son dos insumos muy importantes para entender esa desafección ciudadana; ese "no nos representan" que está de tanta actualidad.

Hay que pensar mucho, leer mucho también y analizar muy profundamente la coyuntura antes de embarcarse en esa trampa que puede llegar a ser un proceso constituyente.








lunes, 13 de marzo de 2023

Bukele y la democracia populista

 




Etimológicamente, democracia significa el poder del pueblo, pero como "pueblo" no es un todo categórico, sino una amalgama llena de matices hemos, convenido de manera casi unánime que democracia es el gobierno de o para las mayorías. Y como definición no está nada mal.
Pero solo es eso una bonita definición que no llena ni de lejos las aspiraciones de esas mayorías.

¿Y cuáles son esas aspiraciones? Maslow, fundador de la psicología humanista, y creador de la famosa pirámide, formula en su teoría una jerarquía de esas necesidades humanas y defiende que conforme se satisfacen las necesidades más básicas, los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados en el escalón superior de ella.
Así que en la base de esa pirámide y en la realidad, las mayorías de cualquier democracia aspiran a satisfacer las necesidades básicas de alimento, ropa y cobijo. Creo que todos podemos estar de acuerdo con él.

A medida que uno va ascendiendo en la pirámide, sus aspiraciones se van ampliando y se van haciendo cada vez más sofisticadas, pero sobre todo surge el deseo innato de no perder la posición adquirida. Es el origen del pensamiento conservador, se perciba uno de izquierda o de derecha. Por encima de toda ideología y espiritualidad, ese egoísmo es parte del sentido común o mayoritario. Nadie quiere perder los privilegios que esa posición favorable en la pirámide confiere. Todos queremos mantenerlos si no acrecentarlos para nosotros y nuestros descendientes.
Y eso, aun siendo conscientes de que esa cómoda posición se sostiene sobre las injusticias en la base de la pirámide donde sigue habiendo personas que literalmente se mueren de hambre. 
La sociabilidad, y eso lo digo yo, es la habilidad adquirida de mirar hacia otro lado y "tirar palante". Y esa peculiar sociabilidad también se extiende hacia las capas más bajas de la pirámide, no vayamos a idealizar. Es la dura y darwiniana lucha por la supervivencia.

¿Qué me he alejado mucho de Bukele? Pues no tanto si considero que muchos, muchos en mi entorno, parecen temer que se esté incubando un Bukele en su vecindario. En ese entorno donde nos preocupamos tanto por cosas tan abstractas como la libertad y el derecho. ¿La libertad y el derecho de quién?
No nos engañemos, no queramos mirar para otro lado con esas poses progresistas. Nuestra estabilidad en la pirámide depende de que sigan pasando esas cosas en el subsuelo. Por eso a Bukele se le ve y se le juzga dependiendo de la posición desde la que emitimos el juicio.

Vivimos en sociedades inmensamente desiguales e injustas. Bukele no es el responsable de ello, aunque sea como nosotros, como ustedes que tanto le critican, beneficiario de ellas. Su carrera política la inicia en el FMLN llegando a ser alcalde de San Salvador, momento en el que por discrepancias políticas es expulsado del partido. Y cuando llega a la presidencia lo hace con el principal objetivo de acabar con la delincuencia. Y como los habían hecho antes los gobierno precedentes inicia unas negociaciones con las maras, reduciendo significativamente los niveles de violencia.
Esas negociaciones oficiosas fueron muy contestadas por sus compatriotas, lo que no deja de ser normal en una sociedad democrática. Lo que es más anormal es que el propio Departamento del Tesoro de USA se inmiscuyera en un asunto interno de El Salvador como ya lo había hecho con el tema del Bitcoin, una vez más la sombra del Imperio apareciendo sospechosamente.

En ese clima de tensiones políticas internas y externas ocurre el fin de semana sangriento de marzo 2022, donde se cometen 76 homicidios atribuidos a las maras y que ocasionaron el estado de excepción y todo lo que ahora se cuestiona. La historia de esa "matanza" está aún por escribir y entre tanto hay muchas conjeturas respecto a la misma. 

Ese hecho fue el detonante necesario para declarar el estado de excepción que a juzgar por las apariencias puede ser renovado durante todo el mandato de presidente.
Desde entonces, miles de salvadoreños han sido detenidos y encarcelados y se han producido múltiples violaciones de derechos humanos y detenciones arbitrarias que serían como los daños colaterales de esta guerra interna contra la delincuencia organizada o contra una parte de ella. Contra la que operaba en esa base de la pirámide, convirtiendo la vida de los salvadoreños pobres en un verdadero infierno. Y son esos ciudadanos que se sienten liberados por su carismático presidente los que le dan su respaldo en las encuestas de opinión. La gran mayoría que hasta ahora estaba soportando los rigores y la violencia de los mareros.

A nosotros, los que en El Salvador y fuera de él, estando en los escalones por encima de esa base caótica, nos cuesta entender la situación, nos percibamos de izquierda o derecha, porque como escribí antes, nuestra sociabilidad nos impide ver lo que ocurre ahí abajo. No se trata de estar con o contra Bukele o con o contra el próximo líder populista que surja. Se trata de ver con objetividad y hacer algo al respecto y con urgencia, porque la olla común sobre la que se asientan nuestras sociedades postsocialdemocratas está a punto de explotar.



lunes, 28 de febrero de 2022

CO2CHINA







Detrás del glamour que muestran las majestuosas imágenes de China cada vez que hay algún evento deportivo o cultural, se oculta una realidad incómoda. La del país que sigue teniendo el récord mundial en emisión de CO₂. A las grandes potencias no les gusta que nadie ande descubriendo sus miserias y suelen obrar en consecuencia, algunas con más rigor y menos contemplaciones que otras.

Este es el caso de China y de Lu Guang un fotógrafo que ha querido ser testigo de su época y está pagando las consecuencias.





Lu Guang es uno de esos valientes necesarios, un hombre lleno de coraje que sabe capturar en impactantes imágenes la voz de aquellos que necesitan ser escuchados. Guang es un reportero gráfico multipremiado y reconocido que ha dedicado su vida en denunciar las lacras de su país, China; estas situaciones alarmantes que sacuden la república van desde las drogas, el VIH, la pobreza o las infancias robadas hasta los problemas ambientales generados por la industria.

Pues, ahora, Lu Guang  está en paradero desconocido según ha denunciado su esposa Xu Xiaoli que dice no haber tenido noticias de él desde entonces; al parecer, según noticias recientes, Guang podría estar detenido por los servicios secretos chinos por seguridad nacional pero, no existe rastro virtual de él.

El polémico trabajo de Guang la verdad es que hace pensar en teorías conspiratorias de las que, lo único que se sabe a ciencia cierta, es que la última vez que se supo de él fue desde Urumqi, capital de la región de Xinjiang. Las últimas pesquisas realizadas sobre el caso, ponen de manifiesto que Lu había sido retenido por la seguridad nacional y los oficiales lo han confirmado, pero, entonces ¿por qué no le han dejado comunicarse con su mujer todavía?

Xu escribía en Twitter, “Lleva más de 20 días perdido, soy su familiar más cercano y no he recibido noticias de su detención [...] he contactado repetidamente con la policía de Xinjiang, pero han sido incapaces de ponerme con nadie [...] sólo espero que vuelva sano y salvo. “

Guang, que ha ganado en tres ocasiones el prestigioso concurso World Press Photo, tiene entre sus hazañas gráficas la de mostrar en “Los pueblos del SIDA”, el caso de 678 personas que contrajeron el VIH tras vender su sangre y de las que 200 ya han muerto.

Sus realistas e incómodas capturas y sus proféticas declaraciones hechas en 2017 en las que aseguraba que en China no sabías cuando te podías meter en problemas porque no había normas establecidas, han encendido las alarmas.

Mucha gente se está sumando al dolor de la esposa de Lu Guang y denuncian, por ejemplo, que Weibo, una red social china parecida a Facebook, ha eliminado las etiquetas relacionandas a la desaparición del fotógrafo de sus "trending topics".

Otros como Cédric Alviani, director de Reporteros sin Fronteras del Este de Asia, pide que expliquen dónde está Lu y que se asegure la libertad de movimiento y seguridad a los periodistas, incluyendo a aquellos que están en la provincia de Xinjiang; aún no ha obtenido respuesta.


Estas son algunas de sus fotografías.





Un trabajador de una fábrica en Mongolia Interior. Según Lu, es habitual que los empleados de las fábricas enfermen tras uno o dos años de trabajo.

Un trabajador de una fábrica en Mongolia Interior. Según Lu, es habitual que los empleados de las fábricas enfermen tras uno o dos años de trabajo.




El humo sale de una central eléctrica de carbón en Shizuishan, China.




Los camiones aguardan en una larga fila a que los llenen de carbón.




Las ovejas pastan frente a la mina a cielo abierto de Shenhua, que transporta arena y piedras para expandir la minería en Baiyinhua, Mongolia.




Esta mujer está sentada en un saliente al borde de uno de los ríos más contaminados de la provincia de Guangdong.



La industria destaca en el perfil urbano de la antigua ciudad de Hancheng, una de las principales productoras de carbón y electricidad.



El polvo que se desprende de un camión que transporta carbón y cal envuelve a los residentes de Wuhai en Mongolia.



El templo de Laseng tiene más de 200 años de historia y está contaminado por las fábricas que lo rodean por lo que, cada vez, acuden menos peregrinos.




Desde aquí deseamos que Lu Guang esté bien y que aparezca pronto; trabajos como el que realiza son necesarios, hombres como él son imprescindibles.




(A partir de un texto de CulturaInquieta).

lunes, 3 de enero de 2022

De tal palo, tal astilla



Dice la sabiduría popular que el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla y muchos quisieran aplicar la sentencia a Nicaragua. Pero ello resulta imposible porque la patria de Sandino tiene muy presente la ignominia y el oprobio vivido. Lo recuerdan muy bien quienes están convocados a emitir su voto en las elecciones de noviembre. 

Estas líneas no están destinadas a esos nicaragüenses, sino a los que viven del otro lado de la frontera sur y también para esa izquierda «cultural» que se empeña en ver la realidad con los ojos de sus sponsors y para la otra, la delirante, que como los personajes de Rulfo, ni siquiera sabe el tiempo que lleva muerta.

Y para seguir, no queda más remedio que dar un paso atrás en la historia, hasta finales de los 80'.

En 1986 en La Haya la Corte Internacional de Justicia (CIJ) leyó la sentencia que daba la razón a Nicaragua y condenaba a USA a terminar su intervención e indemnizar por los cuantiosos daños ocasionados.

Pero el gobierno de Reagan siguió la intervención militar con operaciones como el «Irán-Contras», la intervención diplomática forzando en Contadora la opción de su conveniencia y finalmente la intervención electoral dirigiendo y financiando la campaña de Violeta Barrios de la UNO.

En el 90 cuando el FSLN perdió las elecciones, el juicio de La Haya no estaba aún cerrado. Se había estimado la indemnización en 17 mil millones de dólares y para que ese monto no se perdiera, teniendo en cuenta el apoyo norteamericano a la UNO, la Asamblea Nacional aprobó la Ley 92.

Casi nadie sabe de la Ley de Protección de los Derechos de Nicaragua en la CIJ, porque nuestra prensa libre había iniciado ya la intoxicación de «la piñata»

Dicha ley establecía la obligación del gobierno de Nicaragua (del de Violeta Barrios) de continuar el juicio hasta la sentencia sobre la indemnización, instituyendo un punto esencial: «La indemnización que Estados Unidos debe a Nicaragua constituye patrimonio inalienable de todos los nicaragüenses, el que deberá emplearse en reparar los daños provocados por la guerra; indemnizar a las víctimas y a sus familiares, desarrollar materialmente el país, combatir el atraso y la dependencia heredados; mejorar las condiciones de vida del pueblo y realizar una distribución cada vez más justa de la riqueza».

En este punto conviene hacer un alto en la narración para con la lupa en la mano enfocarse en la palabra PATRIA y en alguno de sus derivados. Patriotas, antipatriotas, apátridas y vende patrias. Que cada uno le ponga la etiqueta a quien le convenga.

Los nicaragüenses desde los últimos años de la dictadura de Somoza hasta casi los 90 habían vivido en la vorágine bélica. Los muertos, desaparecidos, mutilados, huérfanos y viudas de ambos bandos se contaban por miles y también por miles los nicaragüenses en situación de pobreza extrema precisamente por esa prolongada guerra.

La sentencia de la CIJ lo entendía así y en sus preámbulos decía:

«Ninguna reparación pecuniaria, cualquiera que sea su monto, puede realmente resarcir a Nicaragua por las devastaciones causadas en su territorio por la conducta ilícita de Estados Unidos. Tal reparación no puede resucitar a los seres humanos muertos, ni reparar los daños físicos y psicológicos sufridos por una población que ha soportado una campaña despiadada de ataques armados y estrangulamiento económico durante más de siete años […]. Las consecuencias globales de tal política sobre un pequeño país son simplemente incalculables».

Después de leída la sentencia se habilitó una instancia que llevó a fijar la millonaria cifra.

Rememoremos a Carlos Varela: «Y en eso llegó Violeta, se acabó la reclamación…»

El juicio de La Haya seguía a su ritmo y en el segundo año de su mandato, la presidenta Violeta Barrios decidía poner fin a la reclamación y la Ley 92 fue derogada como otras, porque como decía la prensa que ahora vuelve a decantarse en apoyo unánime a sus hijos, esas leyes fueron hechas para justificar la piñata.

La presidenta justificaba esa renuncia en aras de establecer unas francas relaciones con los Estados Unidos.

Por ningún lado que se mire se puede observar ni una pizca de patriotismo en esa decisión.

A falta de documentos desclasificados el historiador solo puede barajar dos hipótesis: que esa fuera una de las condiciones del apoyo gringo o yanqui a su candidatura o que fuera un arreglo económico posterior a la elección. En ambos casos el patriotismo y también la ética de la viuda de Chamorro queda francamente cuestionado.

Los convertidores económicos indican que hoy, esos 17.000 millones de dólares equivaldrían a unos 56.000. Si comparamos la cifra con los 1.750 millones que Costa Rica está negociando con el FMI para subsanar el caos fiscal del país, uno puede imaginar la cantidad de milagros que se hubieran podido hacer en Nicaragua para reconstruir el país, sacar a tanta gente de la pobreza y evitar que miles de nicas se vieran condenados a aumentar la diáspora y vivir en condiciones degradantes en nuestro país.

Pero no, en aras de mejorar la relación con el imperio o de reafirmar el sometimiento, se le negó a la patria de Darío la posibilidad de soñar con ríos de leche y miel. Y se siguió hablando de la piñata.

Es posible que esos primeros dieciséis años de paz sean los peores de su historia. Por mi condición migratoria que me obligaba a salir del país cada tres meses, fui testigo presencial de ese descenso a los infiernos y si alguien piensa que exagero que busque en las estadísticas de desarrollo humano de la ONU. Los tres gobiernos neoliberales que se sucedieron, esquilmaron al país de todo su patrimonio. Desde las empresas públicas que la revolución había arrebatado a los Somoza y otras creadas con el apoyo de la solidaridad internacional hasta el ferrocarril, incluyendo los sectores más lucrativos como la electricidad, la telefonía, la educación, la salud o las costas. 

En una de mis visitas en los últimos años del gobierno de Bolaños acompañé a una chavala al maternal de Rivas, los riesgos del parto desaconsejaban el bus así que buscamos el pickup de un vecino. Aun así, por el mal estado de la carretera tuvimos que bajarnos y hacer tramos andando. En Rivas la ayudé con su gran bulto, casi tres veces mi mochila, porque lo que quedaba de los hospitales públicos era el edificio y el personal. En esa bolsa iba toda la ropa de cama, almohada incluida, sus batas, la ropa de bebe, toallas, alcohol y lo último, la anestesia y las jeringuillas. La última nota de esa jornada particular la puso La Prensa de los Chamorro que ojeé en la terminal y que hablaba de la hambruna declarada en Matagalpa.

Tomemos aire y pensemos que puede pensar un presidente de un país ante esa realidad. Y más un presidente que es culpable o cómplice de aquella condonación.

En el 2006 lo que quedaba del Frente Sandinista después de muchas deserciones volvió a la presidencia encontrándose otra vez con un país devastado. La bandera rojinegra había quedado opacada por el color fucsia de la nueva revolución «cristiana, socialista y solidaria» y todo el país se abocó a la labor de reconstrucción. Fueron años de bonanza económica y las fricciones políticas solo surgían en tiempos de elecciones. La derecha tradicional erró al creer que la buena situación económica correspondía a una coyuntura internacional. 

Pero la prosperidad se prolongaba y hasta la COSEP se subió al carro sandinista con la UNAG de los agroexportadores, y es que a la burguesía, no le importa el color del gato si este caza ratones.

Sería muy largo empezar a hablar de los logros, de las estadísticas, de los índices de desarrollo humano con datos sacados del PNUD, de la OMS o incluso del Banco Mundial. Pero no se puede dejar de hacerlo, ni dejar de mencionar la cantidad de escuelas construidas, clínicas y hospitales que incluyen a la medicina tradicional, y la recuperación y el fomento de las parteras. Los miles de kilómetros construidos de carreteras que incluyen el hito de unir por tierra las regiones atlánticas norte y sur. El recuperar el sistema eléctrico y terminar con los apagones de la empresa privada y trasnacional. 

¿Y por qué abundar en estos datos sociales y económicos?

Por una sencilla razón, nuestro vecino del norte no ha encontrado oro en sus montañas, ni petróleo en sus mares, ni el litio de moda en sus llanuras. No hay nada extraordinario que explique ese largo periodo de desarrollo sostenido a no ser que uno conjeture el fin de la «robadera» como la causa principal.

El FSLN que hoy gobierna en Nicaragua no es el coco comunista que nos pinta la Nación y otros medios de perversión mediática. No. Es lo que hoy podríamos llamar una socialdemocracia de izquierdas, un gobierno que administra un país capitalista haciendo énfasis en un reparto más justo de la riqueza, reduciendo la desigualdad y la exclusión.

Un gobierno que no ha nacionalizado ni un banco o empresa privada y que ni siquiera se ha aventurado a recuperar las propiedades costeras adquiridas de mala manera y permite que la inversión privada, nacional y extranjera lidere el desarrollo turístico en expansión. Un gobierno que mantiene relaciones respetuosas con los Estados Unidos y ha sido leal a Taiwán. Que desarrolla proyectos de cooperación con la USAID, que atiende las recomendaciones del Banco Mundial y también del FMI

Estamos en el 2018. Se puede pedir algo más.

El mes de marzo fue el de la nueva insurrección, el de los tranques, el de la revolución de color o ciudadana o el del golpe de estado; como cada quien lo quiera llamar. Lo venían ensayando desde hacía meses, no fue lo espontaneo que nos quieren hacer creer. Los actos violentos contra las expropiaciones del canal o por la politización del incendio de la reserva Maíz estaban muy lejos de la capital y el nuevo intento se produjo con una tibia reforma del sistema de pensiones; (creado por los sandinistas) que se trató de realizar siguiendo las recomendaciones del FMI. La desmesurada campaña de intoxicación mediática, sobre todo en las redes que desbordaban de fakesnews, llevaron a los estudiantes a ejecutar actos vandálicos en Managua y a enfrentarse con la policía. El gobierno sandinista y su bancada legislativa se apuraron a retirar el proyecto de reforma, pero la espiral programada ya estaba iniciada y se sumaron nuevas reivindicaciones, extendiéndose la violencia al resto del país haciéndose especial énfasis en los cierres de carreteras en puntos estratégicos.

Y comenzaron los muertos.

Nunca fueron idílicas protestas pacíficas, con los estudiantes se mezclaron jóvenes lumperizados armados que desde los primeros días abrieron fuego contra la policía. Y en los momentos y lugares en que contaron con la superioridad necesaria, atacaron sedes sandinistas, instituciones públicas, alcaldías y hasta clínicas a las que metieron fuego, consiguiendo el clima de caos que exige el manual Sharp del golpe blando para llevar a negociar a las autoridades desde una posición de poder.

Los medios nacionales y extranjeros, la cúpula católica y la sociedad civil fabricada con cheques del exterior hicieron el resto, como por ejemplo contar todos los muertos como si fueran víctimas "del régimen" sin importar que más de la mitad, incluidos quemados vivos, fueran simpatizantes sandinistas y policías.

Pero pasado el desconcierto inicial y alentados por la extrema violencia, la militancia sandinista en los barrios de Managua primero y en el resto del país también, retomaron el control en las calles apoyando a la policía unas veces y en solitario otras. Como verdaderas fuerzas de autodefensa y no como escuadrones de la muerte, neutralizaron el llamado golpe suave y fueron revirtiendo la situación y poco a poco eliminando los tranques y recuperando las comunicaciones viales que pretendían el colapso económico. Y todo apelando a la violencia necesaria frente a la violencia del enemigo y ante el contubernio de una prensa internacional que solo enfocada el ojo en los excesos del bando gubernamental.

Fueron meses intensos y después de desbaratar la insurrección disfrazada de pacífico movimiento ciudadano, los tribunales iniciaron su trabajo a la par de la diáspora en la que se mezclaban los sediciosos con miles de nicaragüenses que habían perdido sus medios de vida.

Muchos de los participantes y organizadores fueron juzgados y condenados entre ellos periodistas pues el Manual Sharp concede un importante papel a los medios como agitadores imprescindibles. Algunos fueron encarcelados, otros exiliados y pasados los meses, muchos de los protagonistas amnistiados.

Y cuando Nicaragua se encaminaba a un nuevo proceso electoral en el que la oposición no había podido llegar a mínimos acuerdos y mucho menos a postular un único candidato que hiciera peligrar la reelección de Daniel Ortega, tal vez siguiendo instrucciones foráneas, cayeron en la tentación de repetir el intento y todo estaba planeado para la jornada electoral, como allá por tierras bolivianas.

Pero no contaron con la astucia de "régimen" ni con el experticia de su Fiscalía y sus servicios de inteligencia y descubierta la nueva conspiración con las pruebas de su financiación extranjera (millonarios cheques de la USAID) no tuvieron más remedio las instituciones judiciales que proceder como en cualquier país y ante la gravedad de los hechos a recetar órdenes de detención o casa por cárcel a los implicados a los que la prensa colocaba con premura la etiqueta de candidato opositor.

EL PRESENTE es la reelección consumada de Daniel Ortega al que se le ha querido minimizar la abrumadora participación y siguiendo las instrucciones de quien le ordena a Mr. Biden, desde la OEA y la Unión Europea han desconocido los resultados unos cuantos presidentes.

Afortunadamente, el péndulo de la política latinoamericana parece dirigirse de nuevo hacia la izquierda, pero los sandinistas saben que no hay que bajar la guardia y no la bajarán.













miércoles, 17 de noviembre de 2021

Carta abierta a J.M. Villalta.


( Y a esa legión de izquierda que no tiene claro lo que ocurre en Nicaragua).


Ya Atilio Borón se ha manifestado sobre esa que él llama izquierda confundida y lo ha hecho con menos contundencia de la esperada en él.

Esa izquierda dudosa o confundida ha seguido la ola impulsada por los medios de siempre hablando del «régimen» al principio y de la dictadura sin más al final.

Y lo puede hacer por dos motivos principalmente: por falta de información o por cálculo electoral.

En plena campaña es comprensible que como un camaleón, el FA cambie de apariencia para conseguir unos votos que por no ser de izquierda, no le pertenecen y entonces decida alejarse lo más posible del gobierno de Nicaragua, calculando que son más los votos que puede ganar por el centro de los que pueda perder por su izquierda. Es algo que hacen la mayoría de partidos en todo el mundo. Pero fuera de los tiempos electorales también el FA ha mantenido posiciones antagónicas en su interior y eso no es nada saludable para el partido ni para el espectro de ciudadanos a los que pretende representar.

El otro motivo, y creo que más importante, es el referido a la información. Costa Rica es a nivel económico un país dependiente de la mano de obra migrante, legal e ilegal, procedente de Nicaragua. Es gracias a ese trabajador «barato» que la agroindustria sigue generando divisas y la construcción mantiene su vigor, aparte de otros sectores que se benefician en menor medida.

Después de tres lustros de oscurantismo neoliberal que sumieron al país vecino en la miseria más lacerante (basta recordar la hambruna que asoló a la hoy próspera Matagalpa durante el gobierno de Enrique Bolaños) llegó la victoria del Frente Sandinista y los gobiernos consecutivos de Daniel Ortega. Desde entonces los índices de desarrollo humano, no hicieron sino mejorar a la par de los datos macroeconómicos y en el 2017 el índice del flujo migratorio hacia Costa Rica descendió mínimamente. Ese desenso era una pésima noticia para las élites locales (las que se rasgaban las vestiduras con los efectos de la larga huelga local y que meses antes, aplaudian los tranques que nos incomunicaban con Centramerica) que desde todos sus efectivos panfletos recrudecieron la campaña contra la pareja presidencial Ortega-Murillo dejando de lado la decencia más elemental.

Todos los costarricenses deberian  recordar la portada de la Nación citando una encuesta en la que Laura Chinchilla aparecía como la gobernante peor valorada de Latinoamérica. En esa misma encuesta de la que la Nación no daba mayores datos, Ortega ocupaba el segundo lugar solo superado por el presidente dominicano. El Latinobarómetro un importante proyecto de valoración democrática realizado por una ONG chilena con financiación del BID y PNUD entre otros y nada sospechosa de simpatías izquierdistas corroboraba en el informe del 2016 la buena salud democrática de Nicaragua. Y finalmente Cip Gallup que pocos días antes de las recientes elecciones estimaba en un 65% la oposición a la pareja presidencial, le daba en el 2018 un 54% de aprobación a la gestión de Ortega, la más alta entonces entre los presidentes del continente.

Es muy difícil creer que lo que vino después fuera una insurrección civil espontánea y roza el delito calificarla de pacífica a la vista de las imágenes y videos que uno puede encontrar en internet.

El presente son estas elecciones cuestionadas con supuestos candidatos encarcelados, la mayoría de ellos amnistiados como organizadores de la insurrección del 18 y que planeaban un segundo round para después de estas elecciones. Las pruebas del financiamiento ilícito vía USAID-Fundación Chamorro están sobre la mesa y los pasos de la OEA insinúan una variante boliviana en pleno desarrollo.

Y nosotros, en la izquierda local seguimos replicando la pelea entre los claros y los confusos. Sería bueno que pasadas nuestras elecciones, se abriera un debate sobre ese tema y otros, y no por el bien de Nicaragua, sino por nosotros los electores que nos vemos obligados a votar una vez más por esa izquierda atomizada y por tanto inoperante.


Notas:

Latinobarómetro:

https://demonioseneljardin.blogspot.com/2021/11/nicaragua-en-el-latinobarometro.html?m=1

Hambruna en Matagalpa:

https://www.google.com/amp/s/cronicaglobal.elespanol.com/politica/pablo-iglesias-censura-programa-television_162233_102_amp.html

El 54% de aprobacion:

https://noticias.asamblea.gob.ni/doctor-porras-presidente-ortega-mejor-evaluado-para-seguir-adelante/

https://tn8.tv/nacionales/443603-presidente-daniel-ortega-mejor-evaluado-america-latina/

martes, 16 de noviembre de 2021

Nicaragua en el Latinobarómetro.

 

Hace unos años La Nación titulaba una nota con la frase: Laura Chinchilla la presidenta peor valorada de América Latina. Con independencia de los intereses del grupo de Tibás sentí la curiosidad de saber de dónde salían todas esas estadísticas que un día nos decían que teníamos a la peor presidenta y otro que éramos el país más feliz del mundo, siempre sin citar las fuentes. Unos días después conocí el Latinobarómetro y entendí las razones por las que el Grupo Nación omitía la fuente.

La Corporación Latinobarómetro es una ONG sin fines de lucro con sede en Santiago de Chile. Se puede decir que es apolítica y entre sus patrocinadores no aparece ni la Open Society de Soros ni la sospechosa USAID. Cada año realizaban alrededor de 20.000 entrevistas en 18 países representando a más de 600 millones de habitantes. Una labor ingente.

La edición en la que Laura Chinchilla salía tan malparada era la del año 2016 y en esa lista de evaluación el primer lugar lo ocupaba el presidente de Bolivia, Evo Morales, flanqueando muy de cerca por Daniel Ortega.

Pero lo más interesante del Latinobarómetro no era el sencillo "ranking" sino el contenido de las preguntas que se hacían a los encuestados en todos los países. Eran algo que iba mucho más allá de los efectos que el marketing electorero puede producir en el encuestado. Y se podría pensar que la evaluación trascendía a la persona que ocupaba la presidencia y aludía a la salud democrática del país. Algo que en estos tiempos de crisis en el sistema representativo que nos mal gobierna, es mucho decir.

Reconocer en Costa Rica que Daniel Ortega es de los presidentes con mayor aceptación ciudadana es algo que saca roncha y contradice ese laborioso trabajo de nuestros medios de retratarlo como un dictador.

Ese dictador tiene un récord mundial, o tal vez esa no sea la palabra. Es el único personaje que llegó al poder en su país a través de una revolución violenta, como lo son todas las revoluciones, y dejó ese poder de manera pacífica al perder las elecciones de 1990.

Después de ese revés electoral asumió la dirección de la oposición y perdió tres elecciones consecutivas sin denunciar por ello un fraude inexistente. Eran tiempos de borrachera neoliberal dónde las elecciones se ganaban a base de billete, en detrimento de la gente.

Pero no hay mal que cien años dure como dice el refrán. Durante el gobierno de Enrique Bolaños la FAO estimó que más del 27% de los nicaragüenses padecían desnutrición y la hambruna no pudo esconderse en datos estadísticos cuando los campesinos de la rica zona cafetalera de Matagalpa se apostaron en la interamericana pidiendo de comer a los viajeros que la transitaban.

El neoliberalismo había tocado fondo y en las elecciones del 2006 los nicaragüenses votaron por Ortega y el sandinismo regresó al poder. Desde entonces Ortega ha ganado las tres elecciones siguientes y ha sacado a Nicaragua de la miseria. La estabilidad política a pesar de esos reclamos opositores y el crecimiento económico notable y sostenido le han conseguido el apoyo incluso de sectores económicos que siempre le adversaron.

En esa situación de bonanza económica, aumento de los índices de bienestar y un notable apoyo popular a juzgar por la encuesta chilena, llegamos al 2018. Observar los gráficos de la encuesta que comparto más abajo nos debería ayudar a pensar por cuenta propia y a hacernos una composición de ligar propia y no dejarnos llevar por consignas interesadas. Cualquier persona con unos conocimientos mínimos de política sabe que una revolución no se puede llevar adelante sin lo que los marxistas llaman las condiciones objetivas. Estas casi se daban en el 2006 y Ortega aposto por la carta electoral. Los opositores en el 2018 apostaron por la vía violenta. ¿Pero qué paso?

La oposición política conservadora hizo una mala lectura del contexto político. Desde los años del convenio entre Chávez y Ortega por el que se intercambiaba el petróleo venezolano por la carne de res nicaragüense la UNAG el viejo enemigo del sandinismo nacido durante la revolución, se convirtió en un aliado interesado de los sandinistas. Los terratenientes ganaderos hicieron clavos de oro durante ese periodo y se sentaron a la mesa del sandinismo compartiendo cuotas de poder y sobre todo negocios. Pero el convenio bolivariano no se renovó en el 2017 porque Venezuela consiguió producir toda la demanda cárnica que necesitaba. A partir de ese momento el noviazgo interesado de la UNAG se terminó y la oposición en torno a la familia Chamorro pensó que había llegado el momento de dar el golpe final que no habían conseguido dar en repetidas elecciones. Esa desesperación les hizo apostar a una de esas revoluciones de manual que financian la NED y la USAID a base como siempre de repartir billete dentro y fuera del país. Y la jugada les salió mal, precisamente porque no se daban aquellas condiciones, algo que deja bien claro la encuesta chilena.

Es en esas circunstancias donde se desarrollan los tranques. La ofensiva violenta de los que ni siquiera llegan al fascismo del país, porque estos son algo residual como residual fue la presencia de una alocada ultraizquierda universitaria, fracasó. Y lo hizo porque el apoyo al sandinismo era mayoritario y los hechos estuvieron a punto de convertirse en una guerra civil.

Los gráficos del Latinobarometro nos pueden ayudar a comprender esta realidad que los medios locales nos han escondido de manera interesada. Porque la derecha local, el gran capital económico de Costa Rica también se jugaba algo muy importante en esta batalla. Nuestra economía no puede sobrevivir sin el trabajo de los paisas.



Algunas gráficas del Latinobarómetro del 2016 para entender la manipulación de los medios con Nicaragua.